Lecciones. Ausentes.

Ayer les escuché a todos, les recuerdo que sigo siendo calle Larios, cuando se tomaron una caña en el Quitapenas de Sánchez Pastor, después de la conferencia de Fernando Savater. Estaban sorprendidos. El Ateneo estaba de bote en bote. Tuvieron que poner una pantalla en una sala adjunta a la principal, bajo la mirada de mujeres de Picasso reinterpretadas. Algunas bastante bien, por cierto. Está claro que había en Málaga hambre de conferencias de este tipo y yo que me alegro de que la iniciativa lleve el nombre de Rafael Pérez Estrada, el poeta que parió a este verso que da nombre al blog, aunque exactamente debería ser Málaga, martini del mar. Chirriaba un poco, eso sí, según les he escuchado luego a la abogada, la señora, el flamencólogo matemático, la otra abogada estupefacta y a la profe de cabeza privilegiada, el que se hablara de sociedad civil para inmediatamente dar las gracias al Ayto, a la Dipu y a la Junta por las subvenciones. Hombre, no. Y, dice la abogada, si yo fuera la Universidad me estaría planteando qué hago en Málaga, por qué no organizo yo cosas así. "Es que no pintan nada", dice la señora.
La segunda sorpresa es que no fue Gaspar Zarrías. Una pena. Porque tampoco fueron los del 061. Y además se perdió al filósofo hablar de "las sandeces en las que estamos, como esas de blindar el Guadalquivir". Estaba el alcalde, y el ex alcalde, o sea, Pedro Aparicio. Ninguno de los dos muy de aparato de partido. De la Junta no había nadie y tampoco estaba Marisa Bustinduy. El filósofo habló de la necesidad de educar a los ciudadanos en las democracias, porque, según él, corremos el peligro de estar gobernados por ignorantes, porque los electores gobiernan, porque eligen. Como si no lo supieran los políticos. Como si no supieran que la gente está mejor sin cuestionarse nada. Dijo el conferenciante que en España somos especialistas en rajar y rajar como los vasallos de los reyes, pero sin hacer nada. Hasta mañana. A ver qué pasa con los quesitos de los escaños en el Parlament.

martini dijo
querida sierpes. Lo escuchó calle Cister, la abogada combativa, en la radio de un taxi un poco extraño, la verdad.
31 Octubre 2006 | 06:12 PM