Publicidad:
Terra
La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

15 Noviembre 2006

Sentido común

Ahora que estamos debatiendo las multiculturales, políticamente correctas en cuestiones de sexo transversal, igualitarismo y paridad, género de la duda, del gran estatuto de nuestras vidas, ese que sin duda las cambiará para muuucho mejor --indudablemente las de sus redactores se quedarán en el nivel de magníficas, tres días a la semana de curro y charla en la cafetería del Parlamento--, bueno, pues ahora que estamos en ese debate y como todavía no le he arrancado el hueco a la madrugada, me limito a transcribir, y traducir, el obituario del sentido común que rula por los blogs de corte británico, que no están en venta en el Corte Inglés.
Hoy, estamos de luto por la pérdida de un viejo amigo, el sentido común, que estuvo con nosotros muchos años. Nadie sabía con seguridad qué edad tenía, porque su acta de nacimiento lleva tiempo perdida en los cajones de la burocracia. Será recordado por haber sabido impartir lecciones tan valiosas como saber cuándo salir si llovía, la vida no es siempre justa y puede que haya sido mi culpa.
El sentido común vivió siguiendo reglas financieras sensatas y simples, como no gastes lo que no tienes, estrategias de educación fiables, como que los adultos mandan sobre los niños, pero su salud empezó a deteriorarse cuando regulaciones muy intervencionistas salieron de los parlamentos.
Noticias de que habían acusado de acoso sexual a un niño por besar a una compañera de seis años, de un profesor expulsado por abroncar en público a un alumno sólo hicieron que su salud empeorara.
El sentido común se sintió perdido el día en el que los padres empezaron a atacar a los profesores por no hacer el trabajo que deberían hacer ellos en casa. Se sintió todavía peor cuando se requirió en los colegios permiso de los padres para dar aspirinas, poner tiritas pero se prohibía informar a los progenitores cuando se supiera de embarazos y abortos.
Al sentido común se le quitaron las ganas de vivir cuando había víctimas que recibían peor trato que los criminales y el colmo fue cuando tú no te podías defender en casa de un ladrón. Finalmente, el sentido común decidió dejar de vivir cuando una señora no supo que una taza de café hirviendo estaba caliente. Se le cayó en el regazo y consiguió una enorme cantidad de dinero en un juicio contra la cafetera.
Sentido Común fue precedido en la muerte por sus padres, Verdad y Confianza, su mujer, Discreción, su hija, Responsabilidad, y su hijo, la Razón. Le han sobrevivido sus hermanastros Conozco mis Derechos, Será culpa de Otro y Soy una víctima. No hubo mucha gente en el funeral porque no son tantos los que se han dado cuenta de que se ha ido. Si lo seguís queriendo, pasa este mensaje para que no se olvide.

Bueno, ya. Creo que está bien ahora que Candi ha dicho que hará centros tecnológicos sólo en aquellos que los lleve una mujer. Uf, qué cansado es todo esto. Sobre todo cuando una es mujer y a la primera de cambio, a la segunda criatura más concretamente, a los responsables progresistas les sale el pelo de la dehesa, del macho ibérico.

servido por martinidemar 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Calle Granada

Calle Granada dijo

No sé, me da que viene a cuento:

"La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco nos hemos dado cuenta y estamos, muy, muy cabreados"

de El club de la lucha

15 Noviembre 2006 | 10:59 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

Fotos

martinidemar todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?