Comfort food para el alma

Ayer hizo un poco de rasca, la verdad. Empezamos a tener tardes invernales, aunque todavía no salga vaho de las bocas. A última hora de la tarde, me dejaron un poco sola y vi a gente sorprendentemente arreglada encaminarse hacia la catedral, todavía estropeada por redes y goteras. Era el concierto de Navidad, Bach y Haendel. Financia Unicaja. Iunicaha, en los anuncios para ingleses. Sí, una caja de ahorros y no la agrupación de cofradías, por ejemplo, que podía ser un buen motivo, digo yo, para devolverle a la ciudad las pelas que se sacan con las sillas en Semana Santa. El caso es que, según ha contado la abogada esta mañana, mereció la pena incluso para los no excesivamente melómanos como ella. Aunque solo fuera por el Aleluya. Y por aprender que Haendel se nacionalizó inglés, ella que le creía directamente de madre británica. El abogado, que ese sí que se emocionó hasta las lágrimas en el concierto, dice que está por hacer lo mismo. Lo de nacionalizarse. Y así puede que no tenga que soportar ciertas cosas. Por ejemplo. El deán pidió que no se aplaudiera hasta el final. Ni puñetero caso. Tres veces al menos. Afortunadamente, no sonó ningún móvil. El alcalde llegó un buen rato tarde, y allí todos levantándose para que el primer edil, que dicen los cursis, se sentara. Luego, las excusas. "Es que ha tenido que ir al Cervantes, que había otro concierto". "Pues que elija, coño", dice el abogado, usando una palabra que no es muy británica, que digamos. Tampoco sonaron las campanas al acabar el Aleluya y bien podían haberlo hecho, pero es que en esta ciudad no caben excepciones. Había gente más delgada, como haciendo hueco para lo que se avecina. El caso más espectacular, dice la abogada, es el de la rectora. En vaqueros pitillo y taconazos de chúpame la punta. Quién te ha visto, Adelaida. Pero luego están los que se cuidan con ese régimen que les deja servirse bien de ron Brugal y de ginebra Larios, además de Chivas. Pero sin mezclar. Mientras la gente se despedía apresurada debajo de los naranjos, poblados a partes iguales por bombillas y naranjas, salían unos cuantos músicos, con el frac, y los pitillos en una pitillera de plata. Ellos son así. Aunque tengan pinta, con esa coletilla rubia en la nuca bien aplastada, de ser capaces de disfrutar también con un buen disco de los Clash, con unos pantalones pitillos escoceses. Se acercó la sobrina gorrona de pitillos y él le dio uno. Fuerte y medio vacío. Cuando le hubo encendido el cigarrillo social, ella se lo tuvo que decir: "Un concierto maravilloso, by the way". Es lo que tiene esta ciudad y todas. De vez en cuando, dan respiros.

martini dijo
Por cierto, aunque hoy estemos de buen rollito, imprescindible el artículo de Caraballo de hoy y su frase final: "En su cabreo, está el futuro". Creo que voy a hacer camisetas
14 Diciembre 2006 | 04:51 PM