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La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

19 Diciembre 2006

Play it again, Daniel --con nuestra pasta--

Breve recuerdo para los novatos. Aquí, escribe una calle, yo misma, Larios, con nombre de ginebra y de familia burguesa. Mis clientes, o sea, peatones habituales, me tienen más o menos informada. Con los años, una tiene sus preferencias. Mis favoritos son la señora elegante de cincuenta; su amiga, la abogada combativa; el abogado de 40, nudo impoluto de corbata, siempre zapatos de cordones y auténtica aversión a los de punta cuadrada y, la sobrina, con síndrome de Peter Pan y calzado deportivo, finalmente, el pintor de cuadros abstractos y apellidos largos, capaz de poner el mejor acento upper class británico. Antes, estaba el ayudante del mariscal Zhukov, pero murió. Otro día seguiré con los secundarios.

Sigo. La señora estaba hoy francamente contenta. Ha celebrado el cumpleaños en Madrid, en esa tranquilidad de Aravaca, con breves incursiones al meollo de la cuestión, o sea, a la Plaza Mayor, más abarrotada que una cola de reclamaciones de Air Madrid, según le escucho contar. Se quedó sin caldito de Lhardy, sin cóctel de Chicote, todo tan típico y cada cinco años necesario, pero le dieron un sorpresón de tarta. No, en Málaga todavía no las hay. Miren, miren las tartas. Sección cumpleaños. Si son muy pijos, a lo mejor se pueden encargar y que vengan por Seur. Aunque no será por tartas buenas en Málaga. Artepostreinaugura web, diseñada por Rain y próximamente tienda en calle La Bolsa. Ahora se va a enterar Lepanto, a ver quién se sigue comiendo sus pétreos cruasanes. La señora ha vuelto a sus frases fetiche como ese "es que no tienen vergüenza". Estaba con la abogada y he sabido que se referían al viaje de Chaves a Nueva York. ¿Excusas? Hacer bulto en la comitiva de la alianza de las civilizaciones posmoderna, ver la exposición de arte español en el Guggenheim y asistir a un concierto de Baremboin y su experimento aliado de civilizaciones y financiado por los euros andaluces. Qué casualidad que todo esto ocurra en la época en la que Manhattan esté especialmente bonita, aunque cada año menos por eso de los políticamente correctos como la dire de Mijas. A lo mejor la señora de Don Manuel, después de ver a la rabina, se ha podido escapar a ABC, tienda donde está tomada la imagen que ilustra el blog, y hacer unas comprillas de esas que hace Elvira Lindo y que --oh, gracias a Dios-- le han ayudado a caerse del guindo definitivamente. Seguro que la visita de Chaves, con la comisaria Carmen Giménez, a la exposición diluye el efecto de las críticas adversas que aparecieron en el New York Times sobre la muestra, de "tapitas de arte español". "Pero bueno, ¿este hombre que piensa ir a cada exposición de Picasso por el mundo, con eso de que era malagueño, o cómo es la cosa?", se pregunta la abogada. "Puede que tengan razón los que dicen que ya es un lame duck y que no repite y se este desquitando para los próximos 20 años, venga a viajar. Luego puede seguir con Velázquez, que también era andaluz y si nominan a Penélope a los Oscar, pues también, con eso de que es amiga de Banderas, que es malagueño y así hasta el infinito". "Pues a mí, donde me gustaría que viajara de verdad es a Belén, o a Gaza, allí, donde se están matando ahora entre palestinos. Que sacaran de un camión un piano, que entonaran un villancico, por eso de las alianzas de civilizaciones, y luego se pusieran a tocar para ver si el experimento funciona y realmente los euros andaluces amansan a las fieras. En el coro, por supuesto, Sonsoles de ojos celestiales y en el público, con el pañuelo palestino en una oreja y en la otra el gorrito de rabino, ZP y Chaves. Ese viaje, pues mola". Ha llegado el pintor. Señal al camarero. Cruce de piernas. Pitillera mangada al músico inglés en aquella noche de copas. "Y mientras, aquí, sin fecha de referendum, que estoy sin vivir en mí".

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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