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La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

11 Enero 2007

Quedarse en la lista

Pues sí, han decidido que pasan de la actualidad local. Bueno, no del todo, la verdad, que la abogada combativa dice que hay que ver la que hay montada con la finca de La Concepción, en Marbella, íntegramente protegida por los planes de la Junta y su arquitecto de cabecera, caído un poco en desgracia González Fustegueras. Dice el arquitecto, en una nota enviada a El Mundo, que los terrenos no se protegen viendo su titularidad. "Pues no es eso lo que me contaron una vez en la Delegación de Obras Públicas, que me habían dicho que también protegía terrenos de los Yagüe en Mijas y luego hay que ver lo que hace ese plan en Manilva donde, en fin, el arquitecto en cuestión trabaja más que un poco". Pero ahí queda eso. La sobrina está encantada con sus nuevas Converse escocesas y después de su carrerita matutina con ACDC, Coldplay y Extremoduro. Su propósito de este año dice que es convertirse en una Paula Radcliffede la vida y así poder disfrutar de los números del Runnersque se acumulan en el cuarto de baño. Pero eso no significa que vayan a dejar los aperitivos, ¿eh? El caso es que se han pasado a la prensa extranjera y en el Sunday Times, que la señora pudo comprar en Barbate, sorprendentemente. Viene un reportaje sobre lo mal que se vive en Inglaterra con un millón de libras y se enzarzan en el típico debate sobre el dinero y la felicidad. En el reportaje hablan de un imán en la nevera que dice que la gente que piensa que el dinero no da la felicidad es que no sabe dónde comprar. "Puede ser", dice la señora, "en el reportaje sin embargo dice un psicólogo que lo que verdaderamente da la felicidad es tener dinero para librarse de las tareas de todos los días, como poner la lavadora, limpiar el baño, cuidar full time a los niños y eso...", "o tener chófer y que te aparquen el coche y pagar los restaurantes con una visa que no es tuya". "O sea, tener un carguillo político", dice el pintor. "Claro, por eso se les ve tan felices, aunque si se leen el reportaje se darán cuenta de que lo que hay que tener ahora es una Amex, o sea, American Express, Negra, modelo Centurión, para que te gestionen todo en la vida, desde un vuelo inmediato a Bora Bora, con el riesgo de encontrarte a Bisbal, o una nanny para los niños y entrar esa noche en el club más exclusivo de Londres, o sea, que son cargos de segunda categoría". "Black Amex, que se lo vayan aprendiendo para cuando salgan reelegidos y ya no puedan presumir de Visa, aunque no creo que les importe, pudiendo ir a Guadalajara con esa consejera intelectual que no quiere dar la lista de invitados y hace sentir nazis a los que se la exigen", dice la abogada. "Si, vamos, como si ella fuera Schindler y sus invitados unos amenazados. Los amenazados somos los demás, por semejante clase política e intelectual. ¿Andalucía invitada a la feria del libro de Guadalajara? Ala, pues mi lista de invitados y a disfrutar que son dos días", "Sí, claro, pero en Andalucía esos dos días se están haciendo un poco largos, casi como 25 años".

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

martini

martini dijo

La realidad es fantástica. Enorme Chaves explicando la mezquindad de utilizar los lapsus. El. Los lapsus. Qué bueno. Esta vez lo ha dicho estupendamente. Del tirón. Mezquindad. Claro, que ha obviado modernización y globalización. "En esta era de la globalización, utilizar un lapsus es mezquino"

11 Enero 2007 | 03:06 PM

MArio

MArio dijo

Sí señor -o señora. o señorita-, me parece correcto, perfe me atrevería a decir :)-
Vender nuestra tierra esprecioso, como ella misma.

11 Enero 2007 | 07:29 PM

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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