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La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

22 Enero 2007

Umm. Tierra Mojada


Umm. Tierra mojada. Qué gusto. Aunque yo, sufrida calle malagueña, debiera decir que huele a baldosín quejoso, que me están dejando con los huesos de cristal, con tanto trajín. Por cierto, celebro volver a tener una sección fija en el Málaga Hoy y aun más celebro que el encargado de relatar lo que por aquí pasa sea Pablo Bujalance. Seguro que lo hará mejor que si lo hiciera el mismísimo director del periódico. Sin la menor duda. Al lío. Con este tiempo bendito y rebelde a los designios de la Junta, porque no está recogido en el Estatuto el capítulo de deberes y derechos de las nubes, la pandilla se ha refugiado en el Larios, esa primera planta que, normalmente, disuade a la invasión merdellona, que no a la del coche oficial, sin embargo. La sobrina se ha sacudido un poco el chispeo del terciopelo naranja del pantalón, la señora se ha atusado su melena plateada, convenientemente cortada por Frank, la abogada se ha quitado del cuello un pañuelo de seda turquesa, el abogado se ha peinado un poco el ante de los zapatos ingleses y ha maldecido el día lluvioso en el que se le ocurrió salir a la calle con unas clarks, con el riesgo de que le ocurra una rotura de cadera. Todos han optado por un bloody mary, que hacía juego con los pendientes colgantes de la señora. Dicen que no saben qué pensar de lo de Alhaurín el Grande porque da pánico pensar que el alcalde pueda tener razón con lo de la república bananera. Pero algo de eso hay por ejemplo en ese centro comercial de la estación o esa estación que es centro comercial y que no cierra los domingos. Menuda jugada de esa empresa que ahora acaba de comprar el rey del ladrillo andaluz, que no es Sandokán sino Portillo el de Inmocaral, el hombre sin biografía más allá del pasado albañil de su padre. ¿Cómo es posible vivir en un país en el que ese centro comercial pase por unas tiendecitas de chuches y prensa para los viajeros al tren? Pues sí. Esa es sólo una parte de la realidad que siempre consigue colarse por las rendijas de las alcantarillas de la ley. “Y no es que yo esté en contra de que el comercio abra los festivos, que cada uno curre lo que le dé la gana, pero que se diga en una ley y no se toree”, dice la abogada. “Vamos, no es el plan perfecto del domingo, pero si la gente sólo sabe divertirse con las bolsas de Zara en la mano, allá ellos”, concluye la señora mientras le da la vuelta a un anillo de seis euros que parece un grano de café de plata en el anular. “Me ha dicho un amigo pintor, que para chori, el alcalde de Tarifa, pero que ese es del PSOE y seguro que no lo detienen después de un mitin de la Quinta Modernización estatutaria”, dice el abogado. “No. Seguro que no”.

Tags: alhaurin, grande

servido por martinidemar 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Ollerías

Ollerías dijo

Pues el Bloody mary del larios no vale nada.

23 Enero 2007 | 03:12 PM

martini

martini dijo

Dime dónde ponen el mejor. Te lo agradecería.

23 Enero 2007 | 03:15 PM

nonwriter

nonwriter dijo

Pues en Málaga no sabría decirte, me falta muestreo (en realidad soy más de Gin Tonic), pero en la Plaza de las Flores sin ir más lejos lo he tomado mucho más bueno que arriba.

24 Enero 2007 | 02:34 PM

Ollerías

Ollerías dijo

Me he confundido de nick, que aquí soy calle. Aprovecho para añadir dos sitios en Londres que dan excelsos Bloody Marys (¿o Maries?): el Electric Bar en Portobello Road (con la pimienta molida en grano grueso, masticable) y el bar panorámico de la Tate Modern.

Luego hay un bar en Soho con coctelería de autor (sale la foto del tío en el menú) que ya te cagas, pero no me acuerdo del nombre.

24 Enero 2007 | 02:40 PM

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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