Ruido, mucho ruido
El colmo para saber que no necesitamos más leyes viene hoy en la prensa local malagueña, le escucho a la abogada combativa, con un poco de ojeras, la verdad, que no disimula el último potingue que le endiñaron la última vez que entró en el Corte Inglés prometiéndose no caer en las tentaciones de la cosmética cara. "¿Y?", dice la señora, que unta una tostada con mantequilla espesa irlandesa, del condado de Kerry, más concretamente. Sorbe un café espumoso, a la sombra de una flor recién cortada colocada en un jarroncito de porcelana inglesa. No huele a bayeta sucia. El sitio no existe, no se molesten. "Pues que dicen que al final van a echar a los travelos y las putas de la Alameda de Colón aplicando la normativa contra el ruido, que ya han puesto no sé cuántas multas de 600 euros y por mear en la calle también y ahora dime, eso, ¿no se les podía haber ocurrido antes? Es más, ¿eso, no se puede aplicar al botellón? La verdad es que si yo tuviera más tiempo que perder le metía un pedazo de querella al Ayuntamiento por prevaricación, pero es que me aburre todo tanto, que nos tomen por tontos todos, que la Bustinduy vaya por ahí repartiendo contratos programa, vamos, hombre..."acaba, mangándole a su amiga la mitad del mollete que viene de los feudos de Paulino Plata. Y eso que el barrio chino de Málaga ni es chino ni moro ni chicha ni limoná. Es una cosa demasiado mezcla, de juzgados cutres donde los viernes hacen cola los negros de blanco para casarse con blancas que no van de blanco y huelen a conveniencia, moros con tiendas de pastelitos, barbas de muyaidinis y culos a Poniente cuando toca celebrar el fin del Ramadán cerca de esa mezquita oscura con pinta de clandestina. Un barrio con historia, donde moran restos de edificios imponentes de los que cuelgan cds para ahuyentar las cagadas de palomas con esos espantos de los 70, bares de plato combinado descolorido en la entrada, con la cafetería trendy de Frank, el peluquero. En ese barrio, ha llegado Sarasola con su novio y han plantificado a Lola, su nuevo hotel, decorado por el novio del rico heredero con la ayuda de Begoña y seguro que triunfa,
mirar la web de room mate hoteles, pero no por lo que dicen de evocar nada de nada del South Beach de Miami, que esto es más raro, si cabe, que ganará en calidad de vida y perderá en sonido canalla cuando el Ayuntamiento se decida a aplicar su normativa de ruido. Y lo anuncian a bombo y platillo. Señores, estoy dispuesto a aplicar la ley. Es que manda huevos. Y ahora unos 200 artículos más de verborrea legalista en forma de estatuto coñazo- "¿SAbes una cosa? En Campanillas, en marzo, empieza un curso de floristería y estoy por apuntarme y dedicarme, como Ralph Fiennes, a las flores y dejarles las batallas a los otros", dice la abogada. "¡Qué fuerte lo de Ralph Fiennes! una vez leí una novela muy divertida, inglesa, por supuesto, que hablaba de una cofradía secreta de los que se lo montan en los cuartos de baño de los aviones, pero nunca pensé que fuera verdad. Lo que no acabo de entender es por qué han echado a la azafata que se lo hizo con el actor en el viaje a Australia, tan larguísimo..."


Lola Morales dijo
martini de mar vive en un sitio priveligiado en malaga me encanta la playa su pescaito y como no un martini. saludos
21 Febrero 2007 | 08:57 PM