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Me cae bien Xavier Sala i Martín, el economista que parece vestido por Agatha Ruiz de
El economista de Columbia dijo que la innovación no se desarrolla ni con subsidios, ni con ayudas, ni con fondos perdidos o como quiera usted llamar a las subvenciones. Que no. Nada de eso tuvo Bill Gates en su habitación de estudiante. Y es que ahora lo que mola es prometer que la ciudad que sea va a ser wifi y va a tener a ingenieros con la legaña pegada de dormir poco, dale que te pego a una idea brillante y no por el botellón, viviendo en casas tecnológicas y domotizadas. Sala, me encantan estos provocadores, hasta arremetió contra la vaca sagrada del I+D, “confundida con la innovación”, que suele salir, según explicó, en un 70% de la mente de trabajadores espabilados y no de departamentos de burócratas innovadores. Y, claro, me acordé, por ejemplo, de que una de las grandes apuestas del alcalde de Málaga, Francisco de
En Málaga, y en Sevilla, también tenemos parques tecnológicos. En Granada, hay uno en construcción, más centrado en la biomedicina. ¿Qué dice Xavier Sala de ellos? Pues que el mundo está lleno de parques que quieren ser “Sillicon Valley II” y, por ahora, ninguno lo ha conseguido. Creo que en Palo Alto no había, como en Málaga, el Instituto de
El economista catalán alabó el sentido del humor de los políticos, cuando proclaman, como en
A pesar de las críticas de Sala, los ayuntamientos tienen terreno para innovar. Pueden ponerse retos más modestos y que cada uno se proponga tener la mejor red de bibliotecas de Andalucía, con edificios que sean el centro cultural de cada barrio. Sé de un ejemplo válido en la alicatada Benalmádena de Enrique Bolín, con su departamento de literatura extranjera, atendido en su mayoría por voluntarias británicas. Podrían proponerse aportar un grano de arena en la lucha contra la obesidad, infantil y no tanto, y organizar paseos urbanos a marcha militar con el regalo final de un cafelito y así, en lenguaje consultor, aprovechar para “afianzar las redes sociales”. Incluso pueden viajar a los territorios que conoce Sala i Martín y darse cuenta de lo versátil y entretenido que puede ser un centro de adultos, con clases de calidad universitaria y otras de manualidades. Pero nada, aquí los candidatos se suben a un globo, se bautizan como los mecenas de los nuevos Bill Gates y se ponen todos muy wifis. Sin cables, lo que no significa que acaben con los enchufes. Seguro que ninguno invita a Sala a dar una conferencia más. Vaya a ser que corte el rollo, que, encima, ha anunciado nubarrones negros en
