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La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

3 Julio 2007

Viene Jason, Jason Kidd

Llega a la ciudad Jason Kidd, el jugador de los Nets con esos aires de chulo, de canción de Estopa, de macarra de la pelota y la canasta. Me trae buenos recuerdos, aquellos play offs con los Celtics, esa foto en plan Reservoir Dogs de los Nets, que todavía se aparece entre alguna hoja de cuadernos desordenados. Y con Jason Kidd me pregunto hasta dónde es tolerable lo de los aires de chulo, cuando pasa de gracioso, de envidiable, porque todos queremos cierta autoestima, a insoportable. Lo fácil que es traspasar una línea que te lleve del amor al odio. Aunque a algunas mujeres les siga encantando hasta la nausea del bofetón ese aire al andar de prepotente chulo de barra. Scariolo ha estado a punto, que si me voy, que si me quedo, que si mando la cabeza de un caballo cortada. Se queda, pero parece que a disgusto. Y ahora resulta que la ciudad que le adoraba puede empezar a aborrecerle. Como don Braulio. Este quien se ha creido. Pero el chaval ha ganado copas con Unicaja. Las dosis las suministra también mal la ministra Maleni. Soberbia. Chula. Prepotente, pero ha quedado bien con lo del Benítez el arquitecto del régimen dice que no ha ganado porque hay un arquitecto en el jurado que le tenía manía. Qué maduro. Mamá, mamá. Primera vez que ni escucho dos minutos sobre el estado de la nación. Será esta pareja que tenemos. Y parece ser que me he perdido 2500 euros por parir antes de tiempo. Siempre impertinente.

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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