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Terra
La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

8 Noviembre 2007

El juez del Supremo

Siento este parón, pero ha sido culpa de la coctelera, de esta, no de la que me sirve para los white russian. Por lo demás, en fin, Casares y Ronda, con hojas rojas de parra muy cuidaditas por un alemán. Y lo más interesante lo del juez del Supremo. Claro, como no lo ha dicho la abogada combativa, pues se le hace caso, pero está claro que el Ayuntamiento de Marbella tiene un problema: un señor juez del Supremo dice que las viviendas no se pueden legalizar y que los propietarios de buena fe en el momento en el que compran, en el paquete van las obligaciones del promotor. Un lío.Del que la Junta se ha quitado de enmedio, by the way. Que Povedano ya no tiene despacho en Marbella. Ahora, el marrón, os lo comeis solito, o acompañado de cebollita caramelizada. Pero yo me lavo las manos como un Pilatos del ladrillo. Por cierto, gran artículo de Ignacio Martínez sobre este noble material al que Moneo ha llamado "piel" en la ampliación del Prado. Tiene sentido. Cuando yo era pequeña, algunas en vez de maquillaje parecía que se habían echado polvo de ladrillo en la cara. Con eso de las viviendas un grupo de amigos hemos decidido que si nos cae un poco de pasta de una herencia nos vamos a construir unos chaleses en el sitio más espectacular de Málaga. Cuando esté hecha, no callamos. Pasan los años y decimos todo chulos, "eh, a ver quién tiene huevos de tirarla" y a lo mejor tenemos razón por silencio administrastivo, como en La Viñuela. Que el Lejano Oeste no es China, a ver si nos enteramos.

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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