El juez del Supremo
Siento este parón, pero ha sido culpa de la coctelera, de esta, no de la que me sirve para los white russian. Por lo demás, en fin, Casares y Ronda, con hojas rojas de parra muy cuidaditas por un alemán. Y lo más interesante lo del juez del Supremo. Claro, como no lo ha dicho la abogada combativa, pues se le hace caso, pero está claro que el Ayuntamiento de Marbella tiene un problema: un señor juez del Supremo dice que las viviendas no se pueden legalizar y que los propietarios de buena fe en el momento en el que compran, en el paquete van las obligaciones del promotor. Un lío.Del que la Junta se ha quitado de enmedio, by the way. Que Povedano ya no tiene despacho en Marbella. Ahora, el marrón, os lo comeis solito, o acompañado de cebollita caramelizada. Pero yo me lavo las manos como un Pilatos del ladrillo. Por cierto, gran artículo de Ignacio Martínez sobre este noble material al que Moneo ha llamado "piel" en la ampliación del Prado. Tiene sentido. Cuando yo era pequeña, algunas en vez de maquillaje parecía que se habían echado polvo de ladrillo en la cara. Con eso de las viviendas un grupo de amigos hemos decidido que si nos cae un poco de pasta de una herencia nos vamos a construir unos chaleses en el sitio más espectacular de Málaga. Cuando esté hecha, no callamos. Pasan los años y decimos todo chulos, "eh, a ver quién tiene huevos de tirarla" y a lo mejor tenemos razón por silencio administrastivo, como en La Viñuela. Que el Lejano Oeste no es China, a ver si nos enteramos.
