Otra frase de bar de carretera
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Sanatorio antituberculoso de la Alfaguara.
En ocasiones, me asombra la sincronicidad que te asalta en momentos cotidianos y que, puesta en un relato, lo haría inverosímil. Hoy, en un bar cualquiera, ruidoso como español, con olor a café y a tabaco, estaba a punto de seguir leyendo en la otra página el gran artículo de Cayetano López en El País sobre lo mal visto que está en este país estudiar y ser un alumno brillante y esforzado, justo cuando acababa de darle el último mordisco al mollete con mantequilla y mermelada de naranja amarga --lo sé, un pecado en Andalucía--, entonces se ha escuchado en todo su esplendor a un señor que acababa de poner su culo en el taburete de la barra: "Pues, si el trabajo es salud, viva la tuberculosis". Confieso que nunca había escuchado esa frase, puede ser porque sólo ahora es cuando he comenzado mi colección desentencias de bares de carretera. Claro, me he tenido que acordar de mi abuelo. Para él, el trabajo era tuberculosis. Dedicó los mejores años de su vida a estudiarla y a tratar con respeto, eficacia y dignidad a sus enfermos. Para ello, en los años 20, aprendió alemán y viajó a Davos, antes de que fuera una cumbre de multimillonarios, cuando sólo podía ser el escenario de la Montaña Mágica. Lo recuerdo estudiando revistas médicas en su sillón Morris, con la lámpara adosada a un reposabrazos. No sé si por los secretos del genoma o por la educación ---ya saben, el debate nature-nurture---, ninguno de sus 20 nietos hemos considerado el trabajo peor que la tuberculosis. También me he acordado de mi tatarabuela Berta Wilhelmi. Ella consiguió el dinero del sanatorio de la Alfaguara, que luego dirigió mi abuelo paterno. Ella organizó las primeras colonias infantiles de la Institución Libre de Enseñanza en Granada. Sin subvenciones. Increible. Ni siquiera existía el Instituto Andaluz de la Mujer. Y eso que se atrevió a escribir sobre la aptitud de las mujeres para todas las profesiones. Mi abuelo Luis recordaba haberla acompañado a Madrid, en coche, a pedirle dinero a la Reina Victoria Eugenia para el sanatorio. Entonces, como no había casi coches, no habría bares de carretera. No podría haber escuchado nunca la frase del trabajo y la tuberculosis.


martinidemar dijo
Por cierto, en Madrid, la mayoría de los sanatorios antituberculosos de la sierra se han reconvertido en centros para atender a enfermos crónicos. En Andalucía imparable, no.
26 Noviembre 2007 | 11:36 AM