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Terra
La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

26 Noviembre 2007

Otra frase de bar de carretera

Sanatorio antituberculoso de la Alfaguara.
En ocasiones, me asombra la sincronicidad que te asalta en momentos cotidianos y que, puesta en un relato, lo haría inverosímil. Hoy, en un bar cualquiera, ruidoso como español, con olor a café y a tabaco, estaba a punto de seguir leyendo en la otra página el gran artículo de Cayetano López en El País sobre lo mal visto que está en este país estudiar y ser un alumno brillante y esforzado, justo cuando acababa de darle el último mordisco al mollete con mantequilla y mermelada de naranja amarga --lo sé, un pecado en Andalucía--, entonces se ha escuchado en todo su esplendor a un señor que acababa de poner su culo en el taburete de la barra: "Pues, si el trabajo es salud, viva la tuberculosis". Confieso que nunca había escuchado esa frase, puede ser porque sólo ahora es cuando he comenzado mi colección desentencias de bares de carretera. Claro, me he tenido que acordar de mi abuelo. Para él, el trabajo era tuberculosis. Dedicó los mejores años de su vida a estudiarla y a tratar con respeto, eficacia y dignidad a sus enfermos. Para ello, en los años 20, aprendió alemán y viajó a Davos, antes de que fuera una cumbre de multimillonarios, cuando sólo podía ser el escenario de la Montaña Mágica. Lo recuerdo estudiando revistas médicas en su sillón Morris, con la lámpara adosada a un reposabrazos. No sé si por los secretos del genoma o por la educación ---ya saben, el debate nature-nurture---, ninguno de sus 20 nietos hemos considerado el trabajo peor que la tuberculosis. También me he acordado de mi tatarabuela Berta Wilhelmi. Ella consiguió el dinero del sanatorio de la Alfaguara, que luego dirigió mi abuelo paterno. Ella organizó las primeras colonias infantiles de la Institución Libre de Enseñanza en Granada. Sin subvenciones. Increible. Ni siquiera existía el Instituto Andaluz de la Mujer. Y eso que se atrevió a escribir sobre la aptitud de las mujeres para todas las profesiones. Mi abuelo Luis recordaba haberla acompañado a Madrid, en coche, a pedirle dinero a la Reina Victoria Eugenia para el sanatorio. Entonces, como no había casi coches, no habría bares de carretera. No podría haber escuchado nunca la frase del trabajo y la tuberculosis.

servido por martinidemar 6 comentarios compártelo

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

martinidemar

martinidemar dijo

Por cierto, en Madrid, la mayoría de los sanatorios antituberculosos de la sierra se han reconvertido en centros para atender a enfermos crónicos. En Andalucía imparable, no.

26 Noviembre 2007 | 11:36 AM

martinidemar

martinidemar dijo

Imagable el artículo de Elvira Roca sobre Blas Infante en www.ciudadanocritico.es.

26 Noviembre 2007 | 12:29 PM

Manuel Arias

Manuel Arias dijo

Aunque soy nuevo por estos pagos -sí, soy de los que han caído por aquí a cuenta del célebre link de Arcadi Espada- sólo hoy me estreno como comentarista, no sin cierta sensación de arribismo, por lo tardío. En fin. La frase es impagable y espeluznante. Pertenece a ese amplio conjunto de rasgos hispánicos y andaluces que uno disfruta con cierta sensación de vergüenza, con una opresión en el ánimo -como el landismo, el tipismo y la indolencia sistémica. Divierte, pero pervierte. Naturalmente, yo era uno de los que estudiaban y soy uno de los que encuentra más sabiduría que idiocia en el credo protestante de la 'work ethic'. Si no trabajamos, ¿qué se hace de la vida? Melancolía o escatología, que es lo que piensa el señor del bar. El artículo de Cayetano López es muy certero pero -conozco el paño- me temo que la cultura estudiantil española no tiene remedio. Ni ésa, ni la otra.

26 Noviembre 2007 | 04:05 PM

martini

martini dijo

Bienvenido Manuel. El caso es que ha ocurrido un gap generacional que me hace sentir joven porque preguntada la generaciín anterior me ha dicho que esa frase es de lo más habitual.

26 Noviembre 2007 | 05:25 PM

Rómulo&Remo

Rómulo&Remo dijo

El que es impagable es este artículo tuyo sobre tus abuelas y abuelos. ¡Qué brillante eres!

27 Noviembre 2007 | 03:00 PM

rafa

rafa dijo

me gustaria contactar contigo y saber informacion de tu tatarabuela y la gran labor que desarrollo en el sanatorio junto a alejandro otero mi correo es rarecasal1@hotmail.com

20 Febrero 2008 | 02:25 PM

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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