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Terra
La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

24 Enero 2008

Hasta el aeropuerto de La Habana

Noche tonta de zapping en la tele, hasta que el mando se para en la cara de Manuel Pizarro. Entrevista larga. Gracias a él, me entero de que el aeropuerto de La Habana lo gestiona unaempresa canadiense. O sea, que el baluarte del comunismo confía en la empresa privada para dejar buenas primeras impresiones. Cada día lo tengo más claro. Los hospitales, por ejemplo. Son ya ingobernables, todo son derechos, fundamentalmente de los pacientes y de los celadores, que, como decían amigos mío, si no está el celador barbero, el que tiene que rasurar, en el Carlos Haya no se opera. Concertación ya, de todo. Que los padres se dan de tortas para que los niños entren en la concertada. Con buenos inspectores y punto. Lo que no me vale es la fórmula de la empresa pública, donde los de siempre tienen todo el poder para enchufar y represaliar. Eso no. En Nueva Orleans, según publicó el Atlantic, los colegios funcionan mejor desde el Katrina. Se concertaron todos. Pero me temo que con moles como el Carlos Haya o la Diputación de PEndón, eternamente iluminada, no acaba ni un tsunami. Y Dios no lo quiera. Claro, los del PSOE están encantados con Pizarro porque se nota que, en una de estas, va a soltar la VERDAD del barquero tremendamente incómoda y rentable para sacarlo todo el jugo en el exprimidor de lo políticamente correcto. Que hay que reducir el número de funcionarios. Que la mala administración también provoca inflación, como dijo ayer. Porque resulta que si un negocio para ponerse en marcha tiene que cumplir con 1000 ordenanzas y leyes absurdas, pues esos retrasos se trasladan al precio final.

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Comedias

Comedias dijo

Lo de reducir el número de funcionarios parece una útopía. Muy mal deberían andar las cosas para que algún político se atreva a plantearlo. Y sobre todo porque cuando las cosas van muy mal, mayor es la tentación de colocar a esos "ochocientos o mil" primos que todos tendrían en el paro. Pero sobre la Diputación malagueña, recuerdo una comida del Presidente con empresarios (no recuerdo si era Fraile o Pendón) en que al ser requerido por un empresario a que defendiera la necesidad de la Diputación, después de algunas banalidades dijo que "habría que mantenerla aunque sólo fuera porque daba empleo a 2300 personas". Se lo querían comer.

25 Enero 2008 | 12:26 PM

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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