La navaja china y el peluquero español
Monté a los niños en el coche y los llevé a Torremolinos a pelar, sin saber que todo acabaría como el Lexus y el Olivo de Friedman. Nos encaminamos a Valentín, peluquero clásico con arte contemporáneo de saldo en las paredes y un gato enorme encima de los periódicos deportivos. Me daba pereza. Luis, la última vez, no paró de llorar. Pero el flequillo de Pablo estaba demasiado largo y Carlota le daba muchos besos cuando se sentaban en la alfombra de clase --por cierto, pido la abolición de los flequillos pasados algunos años, como los de Fernando Arcas--. Y los rizos de Luis no decidían qué rumbo querían tomar. Llegamos a las ocho menos cinco. Cerrado, aunque la hija del peuquero estaba dentro. Me explicó que los martes está sola y cierra a las ocho. Lo comprendí, aunque para unos clientes tan fijos durante décadas hubiera esperado una tímida oferta de ayuda. Me acordé de una peluquería china cerca, en La Nogalera, que no cierra en 24 horas. Cuando llegamos, cuatro adolescentes hacían buena la leyenda de Macao y la afición a las cartas. Estaban enfrascados en una timba de póker. Le dije a un señor más mayor que pelara a los niños. Me preguntó: ¿Lavar? y yo entendí ¿rapar? como en un chiste de chinos. Le dije que sólo un poquito. Luis no lloró nada, fascinado con una película de chillidos agudos y criaturas medievales volantes. Les quitó los pelos con una esponja de pinta escasamente higiénica, pero el baño esperaba en poco tiempo. Están muy bien pelados. Ya lo he dicho, abren 24 horas. Globalización. Me vino bien.
PD: Empiezo a leer una historia en el Vanity Fair, donde sale un reportaje sobre Bobby Kennedy con unas estupendas fotos de las primarias en las que le asesinaron. Ethel lleva una gabardina por la que yo pagaría dinero en ebay. Pero lo que más me gusta es una historia tipo Dallas de una familia petrolera texana. "steely in her opinions, tender in private, occasionally abrupt, Margaret had solidly upper middle class tastes". Algún día conseguiré escribir así.


Manuel dijo
La globalización y nosotros, que la queremos tanto. Aunque podríamos conformarnos con una de sus facetas: la flexibilización. Es decir, la flexibilidad que no tiene un comercio y sí tiene el otro -si los dejan. Supongo que la peluquería china se salta las normas de la Junta a la torera y abre las veinticuatro horas; otros no pueden hacerlo; muchos es que no quieren. Hace poco, Alvaro García escribía estupendamente sobre la pereza natural del pequeño comercio español y su negativa a especializarse y ganarse al cliente. Y aunque es su único futuro, la protección pública puede retrasarlo. Mientras, nosotros esperamos.
Quizá sólo en inglés puede escribirse así. "Firme en sus opiniones, tierna en privado, abrupta a veces, Margaret tenía un sólido gusto de clase alta". Suena bien, acaso, pero difícilmente le sale a uno así cuando se sienta a escribir; el castellano tiene otra melodía.
21 Mayo 2008 | 12:53 PM