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La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

9 Junio 2008

¿Dónde deberíamos estar?

Encarna Maldonado, una de las mejores periodistas que hay en Málaga, nos ha regalado hoy la radiografía de la investigación en la Universidad de Málaga. El titular es alentador y el contenido no tanto. Cientos de investigadores, millones de financiación, decenas de artículos en las revistas de más impacto y 20 patentes. Pero, sobre todo, el reconocimiento de que esos datos nos sitúan en el puesto número 20, les recuerdo, de un país que no cuela ninguna universidad entre las cien primeras según la clasificicación Shangai. Mientras el país saca pecho con eso de que somos la octava potencia mundial, clasificación que va y viene según estén los ánimos y está claro que con la crisis ahora no lo pregonan precisamente, en esta provincia desde la que escribimos, Málaga, siempre estamos con eso de ser la sexta, la quinta o la séptima ciudad de España. Pero resulta que, según los datos de la ciencia universitaria, nuestro puesto es el 20. Será que nos faltan los asiáticos, Manuel. Los que hay en el colegio de mi niño están optando por las universidades inglesas. En qué estarán pensando, me pregunto. Hoy, Caraballo, insiste en la idea de la burocracia que todo lo asfixia, que hunde el ánimo, que sumerge al espíritu que quiere sobresalir en un mar de grises. Me lo decía el padre de una amiga el otro día, recién jubilado de periplos mundiales con una de esas constructoras de ingenieros de toda la vida que nos han puesto en el mapa. Atardecía en la bahía y el mar se había teñido de plata, la hora idónea para que las parejas de recién casados entretuvieran a los que prefieren no estarlo y sentarse en los baños del Carmen con una cerveza que les permite el piso de alquiler. Los hipotecados felices se mojaban los pies en el rompeolas de una playa menguante, justo un día antes de embarcarse rumbo a la Riviera Maya y pegarse el último gran viaje a plazos. Bueno, me decía el padre de mi amiga, granadino y malagueño, de ese cruce que tanto abunda, que no da crédito a cómo funciona la administración en Málaga, que todo son exigencias surrealistas, obstáculos a mala leche, hasta que consiguen humillarte y que claudiques cual Kafka abochornado. Y no hay nada que hacer. Es así. En sus manos. Capitán, en EEUU, los funcionarios son civil servants. Intentan ayudar y son pocos y acobardados, porque el liberalismo les acecha. En el artículo de Espada se concluía, por cierto, que ellos no pueden tener el sistema de protección social europeo porque son ellos, le recuerdo, quien ponen el sudor y las lágrimas, los ataudes y las sillas de ruedas. A veces, en los sitios erróneos, pero por dos veces este siglo, salvaron el culo a los europeos. Es lo típico que se dice, ya, pero no deja de ser verdad. Y cuenteme ahora que se hicieron hegemónicos gracias a eso, digame que el plan marshall fue un negocio redondo. Pero esa playa de Normandía se llama Omaha, ciudad, por cierto, donde el multimillonario Warren Buffet sigue residiendo. Murieron unos cuantos chavales de esa ciudad sosa de Nebraska.

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martinidemar

martinidemar dijo

Por cierto, el Mundo de Andalucía abre hoy con lo que a mí me parece una magnífica noticia: Chaves no ha mandado en lo que lleva de legislatura un solo proyecto de ley al Parlamento. La pena es que tampoco haya decidido derogar unas cuantas. Creo que la siguiente iba a ser algo así como la Ley de la Música!!!

9 Junio 2008 | 02:18 PM

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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