Síndrome del bocata
Como yo soy una analista a pie de calle y de tren de cercanías, al margen de la quiebra de Lehman Brothers, he constatado que la crisis se refleja en un auge del negocio del bocata, lo que me está provocando una regresión/recesión adolescente al mundo de los tebeos de Carpanta y los recreos en Echevarría entretenidos con un bocata de sobrasada. Lo he notado en la estación de Vialia, con varios negocios quebrados, pero que, sin embargo, tenía colas para una tienda de delicatessen andaluza que ha optado por ponerse a hacer bocatas. Ya hace semanas que el auge se notaba en la panificadora más cercana al periódico, con unas colas al mediodía que salían del establecimiento y doblaban la esquina para hacerse con el bocata de salami y la lata de cocacola por menos de dos euros. No estamos ni para menús. Benditos bocatas, por otra parte, que nunca fallan con ciertas garantías, o sea, un buen pitufo o viena. Hemos pasado de la cocina deconstruida al bocata de la construcción. Y no se nos tienen que caer los anillos. Pero hablaré de Lehman, también. me encanta ahora que salgan comentaristas en soitu diciendo que no dan pena esa panda de pijos, con camisas a medida y sueldos que excedían la media. Hace diez días conocimos a un sueco de Lehman en el rastro de los ladrones de Bombay. Regateaba por una lámpara y le ayudaba su novia, dedicada a las plantas potabilizadoras, políglota y muy simpática. Le tuvimos que explicar a la tercera que venía que en Lehman el físico sí que podía importar. No sólo en el atuendo, si eras guapo, mejor. Las tías no, sin embargo. No todas. Hay ciertos sitios donde siguen pensando que las guapas han de ser tontas. Pero el caso es que además de pijos y guapos, esta gente solía trabajar muchas horas y son políglotas. Han quebrado. No eran tan listos. Pero me juego a que no tardarán en encontrar otro curro. Y me juego lo que sea a que muchos de los resentidos que ahora se alegran de su caída son funcionarios, por ejemplos. Qué grandes héroes en estos tiempos. Todos tenemos miedo, menos ellos. O los empleados de las cajas. Los enjuagues públicos se lavan en casa. Claro, Lehman no era medio público, como los otros dos rescatados por la Fed. Cómo mola eso de ver que el país se hunde y tú estás estresado en tu despacho, tratando de marear al personal con papeles, leyes y decretos. Y luego, en casa, a escribir que ya les vale a esos pijos que se creían los amos del universo desde sus apartamentos de Nueva York. Es mejor ser amo de un corralito.


martinidemar dijo
Por cierto, para los que creemos en internet, nos alegramos mucho de esta noticia http://www.soitu.es/soitu/2008/09/15/actualidad/1221459891_724571.... Bien hecho, Borja
16 Septiembre 2008 | 06:24 PM