Orgásmico y pepino

Estaba contenta por pasar un día sin periódicos. Más o menos, porque siempre hay alguien que te relata algo. Y también se coló un salmón en casa. Que no estaba cultivado por un ingeniero inglés en Yemen --¿alguien se ha leido ese libro?--. Opté por el Vanity Fair, en español. que no había tenido el gusto. Pasé de Rania de Jordania. Pasé de Rosario Nadal y me quedé con Francesca Thyssen. Allí venía los apartamentos que ha promovido Julian Schnabel en Nueva York, un palazzo veneciano en Manhattan, como ya lo hiciera mucho antes Isabella Gardner en Boston. Me cae bien Schnabel. Tiene pinta de cachondo, está casado con una vasca guapa, que tiene su mérito según mi amigo Chema y las fotos que vemos de las jarraitxus, y creo que se ríe de la alta sociedad que le rinde culto, vistiéndose con ese chándal que es igual que el que lleva mi hijo al colegio, o en pijama, esos pelos y esas hijas guapísimas que no se pierden una fiesta donde sea, pero más bien de las que tiran a aparecer en el Vogue francés o en el Tatler. Ahora pretente vender los apartamentos a 30 millones de euros, y así podrá hacer otra peli con la etiqueta de intimista y premio asegurado en Cannes. Otra cosa es Barceló. Al final, me he visto el lunes, leyendo el periódico del domingo. Doble página de entrevista al genio mallorquín. Impagable. Por supuesto, recibe en alpargatas con manchas de pintura y vuelvo a saber que las copias cansan. Me gustan las fotos de Picasso en pantalón corto y descamisado, con sandalias, quizás porque me recuerdan a Rafael, el marengo de Almuñecar. Pero lo demás, tantos años después, pues no. Scorsese fijó la imagen del pintor en aquel corto de la trilogía de Nueva York y parece ser que cualquier artista debe ir con las uñas negras, un mechón de blanco encima de la oreja y otro de rojo por la nuca y ese pantalón con lamparones. Barceló va muy conseguido. Tiene la lengua también vestida con ese disfraz. Discurso disparatado. Se le cuela el francés y el mallorquín. "El mundo es, en definitiva, un caos organizado". Es suya, la frase, pero creo que se la ha apuntado Pepino Blanco para decirselo a Obama en cuanto gane en Washington --inciso, dicen en el cuartel general de MCain que donde hay pepino, hay esperanza--. La cúpula de la ONU en Ginebra se trata de un trabajo "orgíastico, orgásmico". Uff, ya apareció. La palabra. La creación como orgasmo. Todo un hallazgo. Algunos incluso creamos niños, que se lo hubiera pasado pipa con la arcilla de Barceló en el Retiro. Pues así todo. Y la constatación de que ahora toca Barceló y no habrá otra cosa, como cuando MArías escribe libro. Pues el tipo inaugura pronto en el CAC y el Ayuntamiento da una fiesta en la Concepción y allí se exige traje oscuro. Para honrar al orgásmico. Debe de ser esa paletez de la derecha cuando quiere demostrar que entiende también de cultura. Dice Barceló que en sus diarios no deja escrito que hace unos meses estuvo con Bowie en Nueva York. Schnabel creo que estuvo con Lou Reed. Y no le hace falta ni contarlo ni escribirlo.

polo dijo
Barceló es un artista como la copa de... Hay que ver lo que hizo en la catedral de Palma de Mallorca. Y Lou Reed me parece un pelmazo. Y la actuación de Rósiín Murphy en el Cervantes, aunque un poco larga, una delicia.
3 Noviembre 2008 | 09:46 PM