Catetos y aldeanos
De repente, unos negritos africanos a la acuarela se vieron en Málaga inmersos en el ojo de un huracán. También unas cabras y un mono de rabo retorcido. Ciclón, según algunos, cateto y aldeano. Los negritos estaban firmados por Miquel Barceló, el hombre del momento, de Ginebra y su cúpula, a Venecia y el pabellón español, pasando por el CAC de Málaga, donde tiene una exposición. Llegó el artista a Málaga mientras los catetos andábamos discutiendo si está el horno para los 20 millones de bollos o euros que va a costar la reforma de la Cúpula de la ONU en Ginebra, bautizada sin apenas pomposidad cateta como de la Alianza de las Civilizaciones, simbolizada por unas estalactitas de colorines que pudieran pasar por un psicodélico gotelé de discoteca de los 80. Medio millón del coste ya está confirmado que saldrá de la partida de los Fondos de Ayuda al Desarrollo. Y cuestionar esta operación de marketing político es de catetos, un adjetivo que lo mismo sirve para descalificar a quien se opone a las moderneces que vienen arropadas por la misma pandilla influyente de siempre, que para criticar a quienes muestran su estupor cuando se ponen zancadillas a proyectos de fuera porque se dejan deslumbrar por nombres campanudos de la arquitectura holandesa. También debe de ser de aldeano preguntarse si Bernardino León Gross no tiene otra cosa mejor que hacer que dedicarse a cicerone de un pintor al que ya se compara sin rubor con Picasso en vez de estar asesorando a nuestro presidente del Gobierno para que intente hacer un buen papel y no un papelón en Washington. El día tiene 24 horas para todo el mundo y el secretario de Estado de la Presidencia no puede volcarse en tantas cosas a la vez, como coordinar el laboratorio de ideas que ha de devolver la costa a las manos socialistas. De carpetovetónicos debe de ser también recelar del despilfarro del dinero público, algo que, sin embargo, está muy asentado en las democracias avanzadas donde es un escándalo que Sarah Palin se gaste 120.000 euros en vestuario para campaña electoral. Una paletez absoluta es cuestionarse el método por el que Asuntos Exteriores, Ministerio que dirigía Bernardino León Gross, decidió que Barceló fuera el protagonista del pabellón español en la Bienal de Venecia. Sí me pega que tenga algo de cateto –y vaya mi admiración por el par de aguacates de la exposición, además de unas cuantas acuarelas–, llamar genio a alguien a quien el New York Times dedicó cuatro párrafos en su última exposición, en una galería, en Manhattan, año 2005. Y cateto es exigir indumentaria oscura para una cena homenaje sabiendo que Barceló aparecería con los pelos de punta, la camiseta verde y los pantalones pseudomilitares, pero muy alianza, no atlántica.

Capitán Ahab dijo
A mi además lo que me jode es lo chulo que es el señor Barceló, y lo que desprecia el dinero que hemos puesto todos los españolitos. No apta para gente sensible su entrevista de hoy en mi periódico gratuito.
Donde, por cierto, Chaves manda a Arenas al psicólogo.
Yo los mandaba a los dos a la mierda. O a ver la cúpula de Barceló
14 Noviembre 2008 | 08:05 PM