Rosales
Me encantaba pasear por Rosales y por el Parque del Oeste. El templo egipcio y aquella emoción de ver extinguirse los 80 en Plaza de España, con picos de heroína en la yugular, hasta el día en el que Felipe González decidió jugar a estadista internacional y que la paz de Oriente Medio --¿a qué da risa o mucha pena eso ahora?-- se firmara en el Palacio Real, donde no hacía tanto tiempo se asomaba al balcón un caudillo ridículo, que a nosotros sí nos daba risa en videos en blanco y negro, que hoy un tipo como Martín Pallín en la Ser ha comparado con Hitler. Fue aparecer Arafat y esfumarse los yonquis. Todo ese verde de cercano al despacho de Pepino Blanco en Ferraz lo asocio a pollos en casa Mingo, a sandwiches de Rodilla y a la boda del primo mayor, que celebró un cóctel en el Balcón de Rosales. La juerga nocturna la continuamos por nuestra cuenta porque aquel local no era discoteca y nos disolvimos cuando se fue vacía la última bandeja de pastelitos. Creo que tampoco lo era, o no tenía licencia, para funcionar como tal el otro día, cuando mataron a ese chaval unos macarras porteros de discoteca sin licencia. Ahora leo lo de Pepino de "Más Estado" y me cabreo. Como si no existiera. Como si no hubiera normas que aquí, en Camerún, nadie cumple. ¿Por qué no se hace público en un listado mensual los locales sancionados por vender alcohol en menores? Todavía recuerdo en esa sociedad taaaan neocon, taaan liberal como me pedían el DNI con 30 tacos cada vez que me compraba un paquete de Camel mandarin mint. La primera vez me sentí fenomenal, uf, estos tipos, cómo mola que no se crean que soy mayor de edad. Pero no, era el miedo a la multa y al cierre. Pero es que allí el Estado, fíjate, se mete a regular esas estupideces y que se cumplan y aquí estamos a otra cosa. Seguro que nadie dimite en Madrid. Es más, Gallardón nos ha salido ingenioso, con lo de la ITV y el exceso de velocidad. Un retrato fiel de España, que no ha salido en el Economist: Un local sin licencia para funcionar como discoteca, vendiendo copas ---¿garrafón? ¿cuántos análisis se hacen del alcohol que nos da jaquecas?--- a dos euros a muchos menores, con unos porteros macarras que tenían alguna denuncia, un empujón a una tipa que, sin que lo sepa Bibiana Aido, va a llorarle a su novio el portero...en fin. Y unos padres que duermen tan tranquilos no queriendo saber a qué se dedican sus hijos.


martinidemar dijo
He sonado carca total al final. Lo de los padres ha pasado siempre, me imagino. aunque cuando mi madre jugaba en el PArque del Oeste de pequeña creo que mis abuelos no se imaginaban que en unos años podía morir alguno de sus hijos a patadas por allí cerca. Es cierto que no podían jugar más allá de Pintor Moret porque les decían que podía haber algún resto de bomba. Como hemos cambiado...voz de Presuntos.
18 Noviembre 2008 | 04:29 PM