Homenaje a Bombay

Hoy he decidido hacer un homenaje a Bombay, ciudad total. Bueno, empecé anoche, porque llevaba el pijama de Soma, instalada en un precioso piso de Colaba, la zona donde se han hecho fuerte los terroristas, techos altos, loseta hidráulica, cortinas artesanales de blockprinting, portal de hace décadas y en los jardines, muchas plumarias inmensas. He llevado todo el día las gafas de muchas dioptrías, de pasta pero sin aspecto gafapasta, verde manzana que me hice en 24 horas en una de las tiendas del Oberoi, donde fueron tan amables que me las mandaron en taxi al mi hotel, en midtown, el itc. Allí también comimos, más bien en el Trident, pero están unidos, mirando el Paseo Marítimo, muy cerca de uno de esos centros de flores espectaculares, de dos metros, muy cerca del piano. Y salí de allí con una seda bordada en azul, de ese señor que se ofrecía a mandarlo por mensajero, como hace con muchas señoras españolas que van todos los años, según nos contó. Me he puesto una camisa de fabindia y luego en Luces me he comprado finalmente la novela de la que hablamos, ganadora del Booker, Tigre Blanco, de Aravind Adiga. En una librería, no en uno de esos puestos con cientos de libros que proliferan por Colaba, pasado Leopolds, la cafetería que también ha sido tiroteada, que es el escenario principal de Shantaram, la novela en la que también se retrata a las mafias de esta ciudad fascinante, atacada en su escaparate, ese barrio donde han surgido restaurantes que podrían ser transplantados al Soho, donde hay hospitales de lujo y esa punta de la bahía arbolada, residencia del Gobernador, cerca de Nariman Point, donde también ha habido tiros, camino de Gallops, el restaurante del hipódromo donde no encontramos mesa y fue una pena. Restaurantes con salas lounge donde hablan las estrellas de Bollywood, muchas con sueldos en negro que le dan los jefes mafiosos, como expicaban en Once was Bombay. La reina de Bombay ha hecho varias llamadas y todo el mundo está bien, desde Sunil, el conductor, hasta los del banco, aunque alguno estaba en el Taj. Me preocupé por el propietario de Maharaja, la tienda del lobby del Taj de las camisas de lino y las hechas a medida, el doble de Vargas Llosa, pero luego pensamos que a esa hora habría cerrado la tienda, como el de la librería. No sé cómo tratarían los asaltantes a los vendedores de helados artesanales de la Puerta de la India, con esa pinta de que si se lo toma un occidental no sale del cuarto de baño en varios días. Cerca de Colaba está el Museo Nacional, con aquellas balconadas y esas cortinas de lino que ondeaba ligeramente una brisa sofocante, en un edificio donde los cuartos de baño siguen siendo de agujero y cuclillas, una parada entre cuadros de diminiatura deliciosos, con los marajás llenos de perlitas. Fue cerca de Leopolds donde compramos los rickshaw de juguete con los que ahora echamos carreras por el pasillo de losetas de barro. Regateé a muerte con un indio muy simpático que hizo como que se acordaba de mi padre, que un par de años antes se había llevado otro cargamento de esos juguetes. El homenaje acabará este año cuando lance con los niños una lucecita al cielo, en una de esas obras de ingeniería básica india, con una alcayata y una bombillita diminuta. Siento no haber hablado de la actualidad más nacional. Aunque en parte sí, porque Aguirre ha conseguido que hablen de ella y bien, hasta Miguel Angel Aguilar, en la SER. Impagable la foto de los calcetines y los zapatos.

Kapur dijo
Dear Ms Martini,
What a splendid description of your Bombay experience! Once again, thanks for using the beautiful old name for that troubled city.
I have heard that some Spanish nationals were caught at the Oberoi. I am glad there were no casualties among them.
Thanks for telling us that your friend the Reina de Bombay is back in your part of the world and therefore no harm!
Please, don't forget that when you come back to India, you and your family are most welcome in Mussoorie!
27 Noviembre 2008 | 07:42 PM