Aquí, Blasita, para servirles
Vulnerando todos mis principios, que para eso están, paso a mostrarles a la criatura de mis entrañas, una santa --lo siento, capitán, a mí no me salen adolfitas, sino blasitas--. La niña vino al mundo un 23 f y no dio un golpe de Estado pero esa tarde Bermejo dimitió. La madre, una irresponsable, sin duda, la trajo al mundo sin dolor, contraviniendo las directrices del mandarinato progre que establece, según entrevista ayer en el Sur, que el dolor del parto hace madurar a las personas. Justo lo que pensó Blasita, esta madre que me ha tocado, en fin, a ver qué tal, pero le veo un no sé qué de inmadurez y frivolidad. Algo de razón tenía porque enseguida pidió un portátil y escribió a la Junta para que le explicara por qué razón Blasita, que debía llevar ese nombre por haber nacido en la semana blanca, se quedaba sin el kit cultural de la Junta, encima que ella había velado por la economía de la Junta y había optado por ese chaflán maravilloso enfrente del patio de los naranjos que se llama hotel Gálvez, ahorrando recursos públicos. La madre, cuando Blasita se dio cuenta empezó a pensar que debían a lo mejor retirarle la custodia, exigió que las flores fueran autoctónas, que las regalaba la Junta al día siguiente, y los amigos se presentaron con gayumbas, lo que le hizo mucha ilusión a la familia, ya que habitan en una pequeña calle que lleva el nombre de ese vegetal. La semana transcurrió en una preciosa burbuja rosa y blanca de peluche, que empezaba con el magistral baño matutino de Blasita en manos de Rocío, la persona que lleva en Gálvez bañando a los recién nacidos 18 años diariamente y tan contenta. A pesar del climalit, o gracias a él, Blasita ya supo lo que era un traslado de Semana Santa, con sus cirios y sus negros y, francamente, se asustó un poco y se le atragantó el biberón --otra frivolidad de la madre, que decidió no darle teta y fastidiar así de por vida el vínculo materno filial--. El padre regañó a la madre por dejar que la niña pasara de ver bultos de tonos pastel a asomarla a la ventana y ver dorados, negros y morados. Ese mismo día, Blasita supo que venía a una provincia donde había corrupción urbanística. Lo escuchó porque la abogada combativa vive cerca y hablaba con mamá por teléfono en tono de "ya se se sabía, que caigan todos". Finalmente, llegó a casa el sábado, a tiempo para escuchar también a las amigas gallegas de la madre felicitarse por un cambio que, en Andalucía, no es nunca posible. Su madre la miró enternecida: "Blasita, a ver si tú lo ves, querida".


martinidemar dijo
Muchas gracias a todos por los buenos deseos, que se han cumplido. Todo fue estupendo y la madre anda estos dias hecha un pastelito tierno viendo a su niña...
3 Marzo 2009 | 02:28 PM