La Odisea y la dignidad

La Odisea huele a vino y tiene un reservado de paredes gruesas, fresquito sombrío y luz justa para una comida placentera. Está a los pies del muro despiadado de Nueva Coracha, que debe de tener algún tipo de repelente para evitar que de una bendita vez lo cubran las plantas trepadoras. Allí probé el otro día una albóndiga deliciosa con salsa de tomate al vino dulce. Es un sitio sumamente discreto, tanto, que solo tiene una mesa. Olvídese de ir allí a que le vean o a mirar. Es justo el típico sitio que ahora debería triunfar. No es ostentoso, no es caro y sirven un queso con rodajas de tomate de huerta que no saben a celofán de mostrador a cero grados. Los hay que pensamos de siempre que derrochar fue una horterada pero es que, ahora, en la era de la Recesión o la Depresión, presumir de gastar dinero en estupideces es de muy mal gusto: ha llegado nuestra hora, el momento de los recesionistas o depresionistas, palabros imposibles para designar a los amantes de la austeridad, a los que prefieren el gintonic de calidad en Demolde antes que en el lobby de un hotel. Les llena de satisfacción recibir ropa de segunda mano de alguna amiga que ha engordado. Los recesionistas no deben quitarse de ciertos placeres y saben que en el Lidl venden de vez en cuando unas latas de foie exquisito a cinco euros y aconsejan correr a por ellas, que vuelan. Lo malo es que en la puerta te puedes encontrar con un padre de familia que pide zumo para sus hijos. Bajón total. Esto es la crisis. Como ver a un ingeniero industrial repartir octavillas porque se le ha acabado el paro. Así que los únicos que no deben optar por ser recesionistas a tope son los políticos. Sí deberían renunciar a coche oficial y tanto alto cargo, pero, en el mercado de las ideas, no deberían conformarse con comprar las de siempre de marca blanca, ya sean de los sindicatos o de la patronal. Se pasan el día sobando conceptos de segunda mano, franquistas, empeñados en que nos representan unas siglas que huelen a naftalina, evocan subsidios millonarios y a la democracia orgánica. Están contentos con un plan, el E, que es más de lo mismo, la consagración del país chapucillas, del modelo productivo del piropo soez desde el andamio gubernamental: "Estamos en la Champion de la economía". Francia vuelve a las barricadas, pasado el encanto del flequillo de Carla Bruni. Ojalá vuelva la consigna aquella de "La imaginación al poder", porque nuestros poderosos están cansados de pensar. Y, debajo de los adoquines y azulejos, estaba la playa y los días en paro. Que piensen, porque si no, La Odisea va a ser algo más que un sitio donde tomar una albóndiga. La Odisea será sobrevivir con dignidad. Uff, he intentado definirle dignidad a Blasita., aunque le he dicho que nunca acabe tirándose encima del que viene a arreglar la tele, que se case con él. Y me he puesto una canción buen rollito de evasión. Paso de profundidades.Todo lo que yo tengo es amor pa tí. Un poco reggae. La contestación del emperador etiope a la Fallaci, sobre pedirle coraje y dignidad a los hombres, me hace gracia cuando pienso en los piratas. ¿Tienen coraje y dignidad? De verdad que no lo sé. Soy una relativista moral asquerosa.


martinidemar dijo
Y una sentimental. Me ha encantado el speech de Larry Page en su universidad: http://www.facebook.com/ext/share.php?sid=93641963000&h=yhVG-&u=6...
8 Mayo 2009 | 03:09 PM