Las hartas clases medias
A estas alturas del auge, caída, resurreción, debacle, supremacía y tropezón del capitalismo, nadie duda de las bondades de un país con una amplia clase media. Sólo los políticos de estrechas miras podrían desconfiar de que además de amplia fuera también culta. La clase media es ese segmento social al que aspiran los más humildes y al que temen caer los que han tenido fortuna por nacimiento. De ahí que éstos últimos se permitan hablar con cierto desprecio de ella: «Eso es tremendamente clase media», dicen los aristócratas británicos con acento Eton. Yo, sin embargo, me fío de los hombres ricos que viajan en turista, como hacía Bill Gates y recelo de los licenciados en Derecho por la Facultad de León que quieren viajar en un falcon del Ejército a un mitin electoral. Nada hay más inquietante en una crisis económica que la clase media se estreche y que se sienta maltratada y eso ha empezado a ocurrir. No pueden optar a una VPO y le quieren quitar la deducción de las hipotecas. Los que la integramos, no podemos elegir el colegio de nuestros hijos en demasiadas ocasiones porque no tenemos los puntos, un reducto del sistema soviético. Muchos intentamos que esos niños se esfuercen y tengan curiosidad eterna por aprender -razón esta última que les ayudará a llegar a viejos con lucidez, según un extenso estudio de décadas de Harvard- y ahora vemos que el Gobierno premia con una beca a aquellos malos estudiantes con riesgo de abandonar el sistema. ¿Hasta cuándo se va a premiar la mediocridad en este país? ¿Hasta cuando ese afán de igualar por abajo? Hay mucha gente de la clase media que está perdiendo sus trabajos en empresas medianas, sin capacidad de movilización, y por eso ni la Junta ni el Gobierno les paga cursos de formación que son paseos por las bodegas de Jerez, como a los de Delphi en Cádiz. No trabajaban ni en Vitelcom, en el PTA, ni eran mineros de Boliden, a lo mejor son arquitectos, publicistas, economistas a los que en el Parlamento andaluz no se les promete un paquete extra de ayudas. Esa clase media que todos los meses hace cuentas y se ajusta el cinturón ve cómo los políticos consagran sus privilegios, cómo se dan ayudas millonarias a una empresa tan sostenible como una mina a cielo abierto de cobre, tecnologia puntera, que tiene de apoderada a la hija de Manuel Chaves en el expediente de las ayudas. Es tal el enfado de algunos que ha surgido una plataforma que se llama clasesmedias.org. Preparan una marcha a La Moncloa y piden la abstención en las europeas. Y, supuestamente, clases medias somos casi todos, porque sólo un pequeño porcentaje de este país declara ganar más de 60.000 euros. El resto, son sociedades.
PD: Número dos lo ha conseguido. Ha encestado su pequeña meada. Se ha llevado un chasco cuando le he dicho que Gabi no le va a dar una beca, se la hubiera dado si hubiera tardado tres meses en conseguirlo. Pero me ha dicho que quiere ser político y le he dicho que empiece a tragarse sapos.

Claudio dijo
Martini,
Eres salvaje y dura. Admirable. Y tus esfuerzos para no volar demasiado alto para tus bloggers son una auténtica proeza.
La clase media puede ser siniestra. Los verdugos más eficaces de los KZ (los campos nazis de exterminio) eran pequeños burgueses. Y Himmler, su gran jefe, era el modelo del perfecto burócrata. Stalin llegó más lejos porque empezó de seminarista.
El horror de la política española es la feroz vulgaridad de sus profesionales. Tanto en la derecha como en eso que llaman la izquierda oficial.
29 Mayo 2009 | 08:28 PM