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La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

12 Junio 2009

Retrato de un país

Me decía el otro día un amigo que en su reunión del IESE lo tenían claro. En este país, hay una masa de asalariados privilegiados que son los funcionarios, sin mucho miedo al futuro. Son varios millones. Por cierto, conviene leer parte de su descripción en el boomerang de Félix de Azúa.Luego están esos que trabajan mucho en grandes empresas a las que siempre parece ir bien, muchas en su condición de ex monopolios o de multinacional incontestable en su sector. Y luego venimos los demás. Con graduaciones. Están los autónomos que curran para un solo empleador, miles de arquitectos, de abogados, de periodistas, por ejemplo, a los que es fácil sacudirse con lógica cuando los números se tiñen de rojo. Esos trabajan el doble justo antes de vacaciones para adelantar trabajo. Esos siempre cogen el teléfono a todas horas. Esos se quedan sin dormir cuando hay un plazo de entrega agobiante, un recurso por redactar, una operación que no puede esperar, una campaña electoral por editar.Dicen que podemos ser más de un millón.  Al fondo, están los que trabajan sin contrato, como el boliviano que perdió el brazo. Hablan también de un millón. Hay hijos de puta como el dueño de la panadería pero también hay empresarios a los que no le salen las cuentas si a toda la plantilla la tiene que hacer fija, porque no existen otras fórmulas. Y ahí viene la precariedad, las ETTs, los contratos por hora que hace la misma Junta. ¿Están hablando de esto los sindicatos? Ellos son funcionarios que comen en restaurantes de lujo en Madrid, que se venden a la mínima en la Administración, que viven del presupuesto muy bien. Mientras, seguirá habiendo currantes que se fajen su destino en la calle, que doren la píldora a los clientes, que sufran retrasos en los pagos, que tengan jornadas maratonianas y amenazas de despido si no las cumplen. ¿Dónde está la preocupación por esa España oculta de la que nadie habla? ¿Por qué esa mansedumbre de millones de personas? ¿Para cuando las caceroladas y no la guerrilla de Vigo de esos trabajadores del metal que se quedan sordos a la mínima, con una baja para toda la vida, como en San Fernando?

Mientras Blasita llora porque se le ha caído el chupete, le tengo que decir que no pienso permitir que sea una manona sindicalista funcionaria. He notado que ya me mira desafiante. Me voy a ir preparando para que número dos saque un trono y ella vaya detrás de una pancarta el primero de Mayo. Mantengo ciertas esperanzas en número 1, que persiste en su idea de ser granjero.

servido por martinidemar 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Capitán Ahab

Capitán Ahab dijo

Y quien eligió mejor? Que quieres para Blasa, el bien social o su bien personal?

En que categoría quieres que esté Blasa, penetrantes o penetrados?

El instinto dicta el deber, la inteligencia da pretextos para eludirlos. Marcel Proust.

12 Junio 2009 | 02:53 PM

El Ardor

El Ardor dijo

En Afganistán hay pocos funcionarios y menos servicios públicos. Quéjate menos y vete a vivir allí.

13 Junio 2009 | 06:59 PM

Porrompompero

Porrompompero dijo

Pues el presidente prodigioso para su onírica y obámica federación puede centrifugar España con la fundación de la Comunidad Autonóma del Autónomo, libre de impuestos y mudarnos todos los artesanos para allá.

15 Junio 2009 | 07:01 PM

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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