Qué es lo que mola
El otro día, en una confidencia inusual, número uno me dijo: "Mamá, en el cole hay malos, ¿sabes?". Le pregunté cómo eran esos malos y me dijo que uno, español y dos años mayor
, el otro día, al ir él a llevar el zumo vacío a la basura, le miró y le dijo: "Eres patético". Mi hijo, no es amor de madre, es el más alto de su clase, es bueno, le gusta el fútbol, el pobre dice ser del Atlético de Madrid, saca las mejores notas, es guapo y es un negociador que pone orden, según su profesora. Le gusta Tintín, como a Zapatero, pero prefiere a Asterix, como los abertzales, y anda ahora como loco con sus cartas espantosas de pokemon. "¿Qué hiciste tú?", le pregunté. "Seguí andando". Yo le dije que la siguiente vez contestara: "patético es meterse con alguien dos cursos más pequeño". Su padre estaba encantado con que no hubiera dicho nada. Ya saben, el desprecio y el aprecio. Pero empieza a tener cierta eddad en la que me preocupa que ser bueno pueda ser sinónimo para algunos de pringao. Cuentan en The Tipping Point que Abdul Jabbar, además de un prodigio en el baloncesto, no era mal estudiante, pero que ya entonces, en un barrio negro, ser bueno con los estudios era algo que convenía disimular porque lo que molaba era lo otro, ser el más malote, de andares perezosos y chulescos. Todo esto lo estoy pensando porque ,según me enteré ayer ,"estudiar ciencia ya no seduce". Lo hacen quien tiene más personalidad, eso sí, y según algunos profes, suelen ser los de la panda heavy metal del cole, los colgaos de Metallica. Yo siempre he sido una acomplejada por no haber sido capaz de hacer ciencias. Por lo visto, ahora seduce ser periodista. Alucino. El mejor periodismo es el anglosajón, por el momento, y allí no hay carrera de periodismo. Va a haber un momento en el que habrá más profesores que alumnos en algunas facultades de ciencias puras y, claro, aquí no cerrará ninguna. Sí lo hizo el departamento de Química de la universidad de Sussex, que habia parido a tres premios Nobel. Ese hecho provocó que se abriera una comisión en el Parlamento, para ver cómo podían arreglar esa falta de vocaciones. Es sólo un dato que he aprendido en el apasionante libro de Carlos Elías La razón estrangulada.
Y ahora tengo un dilema, claro. A Blasita ya la tenía preparada para la jardinería, el gin tonic y el punto de cruz. Pero dice Elías que si no sacamos a más técnicos este país se nos hunde. Creo que la voy a poner a estudiar idiomas y que se me cuele con los espías españoles, que lo mismo cazan a unos del Mossad sin querer que se van a pescar pez espada a aguas cálidas. Chica Bond. Para eso le tendrán que gustar menos los aperitivos que a su madre. Si no, siempre le queda la jardinería, que habrá que arreglar todas las medianas del plan E. Que luego nadie las cuida.

callesierpes dijo
Si Blasita se va a dedicar a la jardinería que estudie ingeniero agrónomo, después se vaya un par de años a Michigan y se convertirá en una guapísima "greenkeeper".
16 Junio 2009 | 06:12 PM