Espías de asistentas
Número uno un buen día me dijo que queria ser espía y que se lo explicara. Por dónde empezar, hijo. Rápidamente volvió a sus sueños de granja, aunque no le quise decir que ahí podía haber también espionaje, ya saben, la leyenda urbana o no de lo que hace Monsanto a los agricultores. ¿Qué espías? ¿Los ingleses de oxbridge, quizás? No sé si existen. O ese Davies de La Cónsula, anfitrión de Hemingway y de cuadros de Pollock en sus paredes. O ésta a la que ahora sigo la pista, Rosalind Fox, muerta hace cuatro años en Guadarranque, amante de un ministro de Franco anterior a Serrano Suñer, un tal Beigbeder. Nacida en Calcuta, casada allí, tuberculosa con destino a Tánger, cansada ya de aventuras a los 40 en su casa de Guadarranque. Pues no, aquí tenemos a un tipo que, según denuncian sus cabreados trabajadores, se va de pesca con fondos públicos y le hace el favorcete al amiguete de pincharle el teléfono de su casa para ver si la asistenta se la está pegando. Qué triste. Comprendo el cabreo de los que están infiltrados en ETA, de los Lobo que por mucho que les den nunca merecerá la pena.
Miro a Blasita, hoy vestida de brote verde, y me pregunto cómo tendría que ser una espía con rumbo a la Junta de Andalucía, de qué se tendría que disfrazar para poder ver el expediente de la niña de Chaves. Creo que de reparadora de fotocopiadora. La tendré que llevar a ver Milenium y que aprenda de esa muñeca de videojuego que es Salander. Por cierto, según me dijeron en Cádiz el lunes, 200.000 ejemplares de cada uno de los libros sólo en la Feria del Libro. Este país es de locos, ¿no? REcupero mi vena adolescente de negarme a lo que le gusta a todo el mundo y creo que me niego desde ya al tercero.


martinidemar dijo
Por cierto, 75 libras las memorias de Rosalinda. Si alguien se anima...http://www.amazon.co.uk/Grass-Asphalt-Rosalinda-Powel-Fox/dp/8460...
17 Junio 2009 | 12:19 PM