Manifiesto de San Juan
Estimado alcalde:
Dado lo delicado de la situación económica actual, nos parece de una irresponsabilidad pasmosa que el Ayuntamiento de esta ciudad se gaste nuestro dinero, no conviene perder este dado de vista, en ponerle facilidades a la panda de energúmenos que han provocado daños en nuestras playas por valor de 100.000 euros, un dinero con el que se nos ocurren muchas cosas que poder hacer. Creemos que la policía local, sobradamente pagada y preparada, debería haber frenado cualquier conato de vandalismo. Las autoridades públicas no deberían contribuir al espectáculo lamentable de la noche de San Juan, cuando se produjeron borracheras extremas que provocaron que muchos trabajadores, a la mañana siguiente, tuvieran que ir sorteando vomitonas camino a esos empleos que le proporcionan un sueldo y, en último lugar, dinero a su ayuntamiento. Justo la semana en la que se produce una reunión del Málaga Valley no creemos conveniente que la imagen de la ciudad sea la del Día del Espeto. ¿Para cuándo el día del Respeto? Lamentablemente, estamos seguros de que llegará antes el Mediodía de la Conchafina. Creemos que la actual coyuntura económica es propicia para que su ayuntamiento acabe con fenómenos con el botellón, a los contribuyentes nos parece sangrante que parte de los recursos municipales se destinen a facilitar un escenario que acaba lleno de meadas, vomitonas y basura. Creemos que si se prohibiera esta ciudad no sería ningún enclave fascista y sí un ejemplo de civismo. Sabemos que en Málaga si no estás en la federación de peñas o en la agrupación de cofradías se pinta muy poco, pero estamos hartos de que se aprovechen de la escasa vertebración de la sociedad civil para convertirnos en víctimas de ruidos que no queremos, de basura que deploramos y de actitudes que no compartimos. Desde aquí nos proponemos que la siguiente noche de San Juan no tengamos que marcharnos de esta ciudad. Le saludan atentamente.
Gin tonic.
Le he contado a Blasi que no pienso dejarla salir de marcha en San Juan para que se emborrache al lado de una hoguera, sin el encanto de una velada del Oeste americano. No me ha sostenido la mirada. Sabe que será difícil, que hará lo que le dé la gana.

estupefacta dijo
Vivo en el paseo Marítimo Pablo Picasso. Cuando llegué a casa, alrededor de las ocho, el espectáculo era tal, que decidí no bajar a la playa, ni a mirar. Ni me asomé a la terraza. Mi pobre perra se muere de miedo con los petardos y cohetes, estuve consolándola.
25 Junio 2009 | 04:26 PM