Sevilla y su síndrome

Erase un diputado al que un buen día pillaron diciendo a su jefe: "no te preocupes, que en dos tardes de economía, eso te lo explico yo". Fue un ministro de los discretos, lo que ya es decir mucho, porque decía poco, cosa que se agradece en estos tiempos de permanentes murmullos cutres políticos. El buen hombre, que tiene cara de simpático, pensó un día, subido a un árbol llamado guindo, que su jefe era de los listísimos, cosa que puede que siga siendo, pero de los listos, listos que pueden utilizar sus neuronas para el bien común, que de eso se trata. Empezó a escribir en el suplemento de negocios de El Mundo, muy cerca de la columna de Luis de Guindos, y resulta que se ha caído del guindo y que se ha dado cuenta de que aquellas dos tardes más vale recordarlas con una media sonrisa de melancolía inútil, porque en aquella escena, ahora él queda de lo más tierno. Intentar enseñarle economía a alguien que está enfermo de literatura, como dice Arcadi y recuerda Ismael. Cuando se ha hecho cómodo en una historia narrrativa, que dirán sus politólogos de cabecera, que habla de un país de pobres explotados por los ricos y no de clase media explotada por todos. En este contexto, nuestro diputado se nos marcha a la privada. Bueno, a una de esas consultoras que en el resto del mundo son serias, depende de los países, y que en España, sobre todo en Andalucía, viven de hacerle informes a la administración pública, con esa jerga insoportable de humo. En una situación parecida se debe de encontrar Manolo Pizarro, por cierto. Qué despilfarro el que comete el señor del bañador verde. Pizarro más que insinúa que no repite la experiencia de representar al pueblo pa ná, que se lo pasa muy bien con sus nietos y quién sabe si no envidia a Leopoldo Badía y sus bolos y best sellers, mientras él esta muy solo, chupando escaño, viendo como el PP deja pasar oportunidades de gol y se los mete en propia puerta. Después de saber lo de Sevilla he escuchado con mucha atención a Leire Pajín en la SER, como representante del clan influyente. Y casi me da algo, la verdad. En realidad, estaba conciliando, que consiste en planchar, escuchar la radio, beber el cafelito y hacerle monerías a Blasi, así que el riesgo era múltiple. Se me podía haber caído el café caliente en la cabecita pelona de la gorda Blasi, o directamente haber quemado el vestido comprado a Mustafá en la playa de los caños, o haberme dado con la plancha en la tripa para acabar con el michelín que es más o menos el método con el que quieren revivir estos el cadáver económico del país. No pasó nada de eso. Sólo que comprendí muy bien a Sevilla. Por cierto, ¿alguien vio la foto de la madre de Pajín, la concejal en Benidorm? Odio, odio, juzgar por las apariencias, pero, en fin, es como un chip que todos llevamos, inevitables. Claro, así la hija. Bueno, en realidad, la niña le ha salido estilosa. Es la esperanza que yo tengo con Blasi, por otra parte. Ya le he puesto los pendientes, le han dolido, para ver si se le queda esa cara tan interesante de infinita tristeza. Pero sólo de pose, claro.
Consulta meramente marujil, ya que estamos: ¿merece la pena comprarse la Thermomix?

jamm dijo
Los que de verdad van a disfrutar la termomix son tus amigos. A mi me encanta que una amiga (no se, ellos no se la compran) se compre la termomix, por que durante una época, antes de aburrirse de ella y arrinconarla donde mas estorbe en la cocina, nos regalan con unos magnificos platos del recetario. Creo que la termomix, es como el facebook, no eres nadie si no la tienes pero no lo usas para nada. Yo personalmente me he abierto una cuenta en el facebook y he pedido a los reyes una termomix, para mejorar mi vida social.
2 Septiembre 2009 | 08:04 PM