A la puta calle

Así de fino ha sido uno de esos sindicalistas que nos representa a todos cuando le han preguntado por las últimas recomendaciones de Miguel Ángel Fernández Ordoñez desde la presidencia del Banco de España. No tiene ni puta idea y se tiene que ir a su puta casa. Luego, me lo imagino, orgulloso, jaleado por los suyos: Ya era hora, hombre, de llamar al pan, pan y al vino, vino. Eso me ha llevado a ponerme el chip del malvado Milton Friedman y buscar el incentivo. ¿Cómo viven mejor los sindicatos con muchos parados o con pocos? Con muchos, he concluido, porque son muy protas en negociaciones colectivas complicadas y, además, manejan muchos de los cursos de formación. No creo, pues, que les interese que la cosa mejore. Sindicalistas que me impresionaron en mis happy twenties fueron los de Astilleros de Sevilla. Allí había uno apodado El indio, creo, que daba un susto "que no veas", que diría mi número dos. Y estaba la cara amable de Torrijos. Siempre me han caído bien los hombres que fuman en pipa. Estaba un tío mío con el pantalón de pana raído, toda una vida dedicada con pasión a investigar la mosca del vinagre, mi padre, claro, que le dio incluso una época por hacerse él las pipas, compraba la boquilla y un taco de madera, pero aquello pasó, y Caraballo e Ignacio Camacho, claro, cuando se podía fumar en las redacciones. Las pipas, además, a diferencia de los puros, huelen bien. Por eso Torrijos, en principio, me provocaba cierta ternura de ese izquierdosillo que la pipa le acerca a la clase rural inglesa. Pero me equivocaba. Torrijos es capaz de echar a la puta calle, como diría su amigo el sindicalista, a Aquilino Duque, por ejemplo, porque iba a hablar de Agustín de Foxá, que para esta gente sólo es un fascista asesino. Y resulta que la puta calle nos va a empezar a gustar. Se están convocando caceroladas contra los impuestos. Duque siguió la charla en la calle, tan a gusto, rebelde a su edad. Duque, todo un fascista, también, amigo en Inglaterra de los Jiménez Fraud y Cossío. ¿Qué hacemos con Alberti? ¿Nos quedamos con su poesía o con sus simpatías comunistas? ¿Recordamos los muertos del comunismo? Casi que no. Que dejemos a los muertos mucho más en paz de lo que están dejando a Lorca. Pero esta gente está loca.
¿Qué le diré a Blasi de los fascistas y de los otros? Le explicaré que en el 36 España sacó su peor cara. La más soez, la más resentida, la más envidiosa. Pero que, mientras dos chulos se peleaban en la barra, la mayoría del bar asistía atónita e intentaba esquivar una botella que volaba, esa silla que alguien tiraba y se hizo años después tabla rasa de aquella pelea, se acordó no remover mucho aquello que pasó y., cuando en la parroquia no quedaba ya casi nadie de los que vivieron aquello, resulta que unos se empeñaron en ir poniendo etiquetas de buenos y malos, fascistas y no y se creyeron autorizados a echar a Aquilino Duque a la puta calle. Asi que Blasi que se quede siempre en el jardín.

gintonic dijo
Imprescindible el atleta y el Nobel, que Dylan es Ramoncín con harmónica y la frase final.
8 Octubre 2009 | 02:44 PM