¿Hasta cuándo nuevos ricos?
Recuerdo haber escuchado de pequeña, cuando preguntaba que cómo era posible que un compañero de cole viviera en un pisito en Carretera de Cádiz y su padre tuviera un BMW, que eso pasaba porque era la primera generación en la que el coche se había generalizado. Con 37 palos pasa esto, que puedes escribir lo anterior y asustarte, pero es así. No todos los abuelos de los que tenemos esa edad tuvieron coche. Acaso uno de esos 600 que parecían ser elásticos, para meter a la madre, al pastor alemán, la muchacha, la hermana y el equipaje camino de la casa del pantano de San Juan. Pero una pensaría que un país no puede ser nuevo rico eternamente, sobre todo cuando fuimos antes hidalgos que luego se murieron de hambre. Pues no mejoramos. Ayer venía en Crónica el horror que está pasando con los caballos, en Málaga especialmente, que se mueren de hambre, los decapitan para sacarles el chip o los dejan sueltos y los pobres aparecen en la autovía. Me lo dijo un guardia civil del Seprona hace meses. Me pidió que escribiera el reportaje porque, sobre todo, es que no saben qué hacer con ellos, no saben dónde meterlos. Ahí están unas tipas admirables en Alhaurín, recogiendo lo que pueden e incluso mandando a Holanda algunos que se han quedado tan debiles que no se pueden montar. Es justo lo que querría número 1, tan poco Indiana Jones como su madre: "mamá, yo les cuido pero no me monto", suele decir mientras les acaricia el carrillo de la cabeza que sale de la cuadra. Pero seguro que no nos dejarían tenerlo en la parcela de abajo, porque, como dice el cabrero que guarda a sus cabras la finca derruida y maravillosa de Santa Tecla: "ahora para tener una cabra te piden más papeles que para el coche". Pues por ahí andan, abandonados, con el costillar a la vista, esos jamelgos que fueron enseñados con el orgullo malagueño del que ha llegado al Rocío. No se me echen encima, pero me lo decía el otro día alguien: "El dinero de los malagueños se cargó el Rocío y las monterías". Esos coches de muchos caballos, los CAyenne, ¿qué ha sido de ellos? ¿También los han dado en adopción? Sus dueños, ¿están muertos de hambre y por eso no pueden alimentar a los caballos o, acaso, pasan de prescindir de cenas semanales y prefieren olvidarse de aquel caballo a la que clavaron la espuela cuando a lo lejos se veía la ermita, esa virgen jaleada por la España de pandereta de Pata Negra, cantada en anónimo jerezano. En el mismo periódico, cuentan dos madres cómo tuvieron que tirar al mar los cadáveres de sus niñas de año y media, después de siete días alimentadas con sus propios pises, apenas una hora antes de que las rescatara un helicóptero. Africa sigue sin poder ser nueva rica y no voy a cantar las dignidades de la pobreza de la que huyen en semejantes condiciones. Pero, ¿cuándo deja un país de ser nuevo rico? El periódico lo leo después de ir a un club con vistas al cementerio y los naranjales en el que gente de mi edad, con gafas de sol, la postura relajada de la sobremesa del gintonic, no se preocupa de unos niños endomingados, vigilados, en domingo, por la mucama. Menos mal que los niños se dedican a darse naranjazos.
Le digo a Blasita que no se moleste, que sí, ella es malagueña, nacida a la vera de los naranjos de la catedral y de la casa de la abogada combativa, que hay de todo, y que incluso los de Valencia pueden ser peores, los de los pelucos y esas cosas, aunque creo que una parte de Marbella era como su segunda casa.

Alonsso Mosley dijo
espectacular Berta, excelente artículo
besos
19 Octubre 2009 | 03:55 PM