Cuentos de piratas

Lo de contar un cuento de piratas está cada vez más complicado. Depende de los estilos, además. Está el progre que cuenta que había unos piratas muertos de hambre en un Estado fallido llamado Somalia, poblado por figuras esbeltas de color canela tostado, que se hartaron de ver cómo los barcos de los países más ricos llegaban allí a pescar atún para enlatar y para hacer platos en restaurantes japos caros. También está el que lo ve fácil en la barra del bar y dice que la Chacón es una acomplejada y que teníamos que haber mandado ya un par de helicópteros con rambos. En el cuento progre, los buenos son los piratas, claro. Puede haber la posibilidad de complicarlo y hablar en este caso del progre de la justicia universal y convertirlo a él, en vez de a los piratas, en el bueno. Debería empezar así: "Erase una vez un juez de cabellera canosa y poblada, con nombre de rey Mago, Baltasar, y apellido de garra valiente, Garzón, capaz de enfrentarse él sólo a los caos más complicados de realpolitik que se presentaban en el globo. Allí donde hubiera una injusticia, Baltasar, humilde niño del campo jiennense, llegaba. En el capítulo que nos ocupa, decidió apresar a dos piratas que abandonaron un barco español --¿deberíamos decir vasco? qué follón-- secuestrado por el resto de la pandilla de Barbazul. Los trajeron a España, discutieron si eran menores de edad o no, y mientras los demás se enfadaron mucho mucho y sortearon a cuatro miembros de la tripulación para que fueran entregados en venganza a las familias de los piratillas. Aquí el cuento se puede volver violento y conviene no contarlo a niños sensibles con pesadillas. El cuento admite muchas variantes que lo harán más o menos largo. Se puede uno extender sobre la paradoja de que los atuneros vascos pidan protección del fascista Ejército español. Pero el prota, prota, es Garzón, no nos engañemos. Que lo mismo desentierra a Lorca que apresa a un par de piratas. Y las consecuencias de todo lo suele dejar para el final. Por cierto, en muchos de sus cuentos, el final no suele ser y comieron perdices y fueron felices. Cae el telón y, en vez The End, pone: Sumario mal instruido. Todos a la calle. Con el Alakrana el cine español tiene una gran oportunidad, pero debería decidir primero quiénes son los buenos.
No sé si contarle este cuento a Bertita. A lo mejor es la manera de que me saliera abogada combativa.

callesierpes dijo
Sra. Martini, ¿es una errata en "capaz de enfrentarse él sólo a los caos más complicados de realpolitik que se presentaban en el globo" y donde dice "caos" debe decir "casos". ¿O es realmente lo que quieres escribir?.
Me recuerda la anécdota leida en el libro que me recomendaste (Historias de Londres) en el la pronunciación de "Chaos" de Enric González la entendió alguien como "cows".
5 Noviembre 2009 | 12:26 PM