Reina de su conciencia
Número dos últimamente esta pesadito para dormirse y quiere que le cuente muchos cuentos. Como estoy harta de los tres cerditos y de caperucita, últimamente le cuento cosas reales con ese tonillo de "Érase una vez". El de esta noche lo tengo preparado ya, nada de improvisar. "Erase una vez una abogada combativa que denunció antes que nadie las irregularidades del urbanismo corrupto del litoral". Seguro que en ese punto, me interrumpe y dice ¿qué es eso, mamá?. Le diré: pues que unos señores ponían casas donde no se podían y le daban dinero a un señor para que les dejara. En esa batalla contra los macarras --para mi hijo, todos los malos son macarras--, la abogada estuvo muy sola, ni la Junta le hacía caso, pero, sobre todo, tampoco el fiscal anticorrupción.¿Quién es ése, mamá? Pues un señor que tenía que pararle los pies a los macarras, que para eso le pagamos, y a veces no actúa. Años después de esa lucha constante, la abogada quiso venir a vivir a Málaga y encontró una casa preciosa en calle Císter, al lado de la catedral y de Gálvez, mi hijo, donde tú naciste y te conoció con unas horas. La casa preciosa tenía mucho ruido, primero era el botellón descontrolado, por supuesto, la feria y la Semana Santa, pero luego también era la asociación de separados rocieros, venga a gritarle salves a la reina de la marisma y ultimamente también un museo que iba a ser para Pedro de Mena y se quedó para Revello de Toro, ese pintor de las señoras de mechas, perlas y el hola. ¿Por qué gritan los macarras, mamá? Hijo, porque les dejan, sus padres de pequeños y la poli de mayores. Denunció muchas veces que había mucho ruido, pero no le hicieron ni caso. Un día, estaban cortando hierros con la radial. haciendo un ruido espantoso a la hora de comer y ella bajó con un dolor de cabeza horrible y pidió que pararan. Como no lo hicieron, llamaron a la poli local para que midieran el ruido y le dijeron que la empresa que lo hacía no podía. La poli le pidió la documentación. No la tenía. Se la llevaron al coche patrulla y ella que no daba crédito. La historia acaba, hijo mío, con ella en la comisaría. ¿Dónde meten a los malos, mamá? Sí, allí. Ahora, el juez le ha condenado a seis meses de cárcel por un rasguño en la muñeca. El juez le ha hecho caso a esos señores, los fiscales, con los que ella se metía cuando no trabajaban. Mamá, entonces, ¿qué hacemos si los polis son malos? Los locales, hijo mío. Con la ayuda de los fiscales, no te olvides.
A Blasi le digo que la ley es la ley y que se cree en sus derechos nunca se deje intimidar por unos policías locales macarras. Pero no sé si hago bien. Sí, porque así ella siempre será la reina de su conciencia.


martinidemar dijo
Esto se merece un manifiesto, si los progres complacientes no los hubieran devaluado...a ver qué hacemos.
11 Noviembre 2009 | 06:22 PM