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Terra
La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

9 Marzo 2010

Nunca fueron tan rosas

Nunca ha habido más machismo, dice Montano. Es cierto, además, voluntario, o sea, fomentado por las mujeres. Por eso estoy preocupada por Blasi. Ayer le compré en el Carrefú unos pantalones azules. Eso, sí, la blusa era de florecitas. Nunca todo lo de las niñas fue tan rosa, nunca las series sacaban a las niñas tan de niñas, nunca las políticas se vistieron tanto de boda. En los Cinco, creo recordar, había mezcla de géneros. Desde luego que pasaba en Los Hollister, donde la familia era mixta e intrépida. Esas fueron mis lecturas infantiles. Asterix y Obelix y Tintín y es verdad que nunca me di cuenta de que no salían mujeres ¿y qu,e? ¿no podía yo identificarme con Tintín y luego con Frodo? Bueno, también Esther, Rita y Juanito, pero es que ellas, a pesar de estar todo el día babeando detrás de Juanito, eran menos cursis petardas que las de ahora. Me decía el otro día una madre en un cumple --y los que me quedan, morena--, que no soporta ver a los niños a su bola --nunca mejor dicho--en el patio y a las niñas detrás de ellos. Con siete años. Número uno sigue diciendo que odia los amores. Todavía no dice que se caga en el amor, pero ha fundado el club de los solteros y ha hecho socio de honor a su tío. Mi hermano. El problema es organizar una vida en función del otro, de odiarlo, de quererle y cuando se acaba el amor yo soy la única capaz de criar a mis hijos. No. Todo eso de que somos distintas pero somos iguales no lo entiende nadie. Tanta mujer que necesita una vida. Me encanta esa expresión americana: Get a life. La tristeza que da que muchas de esas niñas de mochila Barbie, de amores más que precoces, de uñas pintadas a los ocho años puedan ser hijas de feministas. Nunca hubo más machismo y tanto esfuerzo inútil dedicado a tareas improductivas. Por no hablar de la Liga de la Leche, claro, pero no pienso dejarme, no quiero dar rienda suelta a lo que me inspira mi particular bestia negra. Eso sí que es machismo, tener que estar enganchada a una teta dos años. Ya lo he dicho. Es que me pongo yo sola el capote y entro a saco. Por cierto, The case against breastfeeding sigue siendo uno de los artículos más comentados en la web del Atlantic.

Blasi tiene pinta de bruta y tiene unos huevos cuadrados. Sus hermanos no le dan besitos porque les tira del pelo y da unos puñetazos terribles en la mesa. Yo le insisto en que los hombres no son los enemigos, pero no sé si Bibiana ha conseguido propagar sus ideas por micropartículas voladoras que se ingieren. Hace sol. Por fin. Pero la dicha no es completa. Hace mucho frío. Pero florecemos como margaritas

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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