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La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

15 Marzo 2010

Hay que llenarlo

Me gustan los aeropuertos, incluso sin coger aviones. Me gusta recibir a gente en el aeropuerto, cuando llegan con cara de cansados, las maletas con regalos y la ropa sucia, las revistas extranjeras arrugadas, el cuerpo desarreglado de siestas, desayunos, meriendas, cenas y películas. Prefiero estar en salidas, sin embargo, pasado ya el contro de seguridad y haciendo tiempo para embarcar. Leyendo y viendo  la gente por encima del libro porque, ahora mismo, los aeropuertos son un tubito de ensayo donde se mezcla la clase media mundial, sí,cada día más parecida, gracias a Zara, HM y Gap. En su día, quise ser azafata y me quedé en la prueba final. Puede que el pasaje esté agradecido porque habría tirado muchos zumos de tomate que, como dice mi prima la azafata, es la típica bebida que casi nadie bebe en su casa y que demasiada gente pide en el avión. Hoy, en Málaga, tenemos un nuevo aeropuerto y me ha gustado. Desapareció el bosque de grúas del Atlético d Madrid --eran blancas y rojas-- y hoy tenemos mucho mostrador nuevo. Ahora hay que llenarlos. De la ceremonia de inauguración decir que muy bien Pepe Blanco, muy gris Griñán, por mal camino va si quiere ganar adeptos en Málaga si equipara a este aeropuerto con Jerez o Sevilla. Ahí nos toca la fibra sensible. Ahí somos otra galaxia. El jamón estaba rico pero no sé si para los 400 euros que ha costado la celebración del evento. Ni la pantalla. Ni el papel estupendo de invitación lujosa de boda. Desde la parte de los canapés se veía Churriana, pequeña y humilde, con destellos de historia, con su mirador hacia las pista de aterrizaje. Allí, los viejos que se sientan en los bancos, serán los que durante los meses que viene contarán los aviones a la hora y podrán comprobar si es verdad que el turismo se recupera.

Blasi de nuevo enganchada a los aerosoles. Ayer se perdió el mercadillo que paró abruptamente por una lluvia que pareció cachondearse de los malagueños. Repetiré. A ver si me acompaña Blasi.

servido por martinidemar 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Demetrio V

Demetrio V dijo

Jefa,

Interpreto que el costo final del ágape aeroportuario de hoy habrá sido 4OO.OOO euros.

No me han invitado, a pesar de ser descendiente de la antigua realeza de Constantinopla. Pero no importa. Prefiero conocerlo a través de tu post. Más interesante y más cómodo. Gracias, Jefa.

15 Marzo 2010 | 05:33 PM

zascandil

zascandil dijo

Como buen zascandil que soy, ayer noche pasé, no sé si por última vez, por la vieja terminal y mi reflexión fue que no estaba tan mal. Un poco cutre para las salidas fuera del espacio Schengen, pero tampoco ninguna cosa para rasgarse las vestiduras.
En cambio, perder aviones cuando se atasca la A7 me parece algo mucho más grave. También me parece gravísimo que el tren que conecta el aeropuerto con la ciudad y que tarda 12 minutos sólo circule cada media hora. El viernes lo cogí por primera vez -hacía buen tiempo y no me importó esperar al sol 25 minutos- y me quedé asombrada de lo corto que es el recorrido ¡Cada media hora! Y no me dió la impresión de que estén trabajando en desdoblamiento alguno.
En fin, si algo "bueno" ha traído la crisis es que los atascos son menos frecuantes.
Y como me aburren los políticos y sus inauguraciones, sus fotos y sus discursos.
No has hablado de Magdalena Alvarez, no me puedo creer que se perdiera el evento.

15 Marzo 2010 | 06:26 PM

Compton-Williams

Compton-Williams dijo

Senora,

I remember that the first regular flights to the Costa landed in Gibraltar. I think that it was not until 1958 that your landing-strip in Malaga airport was able to handle modern aircraft.

Congratulations!

15 Marzo 2010 | 08:41 PM

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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