Un país sin nombre
Pab
lo ha aprobado el equivalente de la selectividad alemana. Hay una prueba oral. Creo que aquí se la empiezan a plantear, pero puede que les dé miedo, que piensen con razón que los niños no van a hablar mejor de lo que escriben, es más, escriben como hablan. Es nuestro gran déficit, no sabemos hablar en público por eso suele pasar en provincias que cuando se da con un profesional que tenga gracia, sea culto y una buena entonación de voz se convierta en la salsa de todas las fiestas, en el presentador de cualquier sarao y, claro, se acaba gustando a veces demasiado. Pero es culpa de los demás. Los primeros lamentables son los políticos, lo digo por lo del CIS. Por eso se nos caen los lagrimones, a pesar de que sabemos que de retórica no se vive, cuando escuchamos el discurso de Obama en la universidad de Michigan. Por eso me alegro de que estén surgiendo iniciativas como Toastmasters: http://www.toastmastersmarbella.com/. Esta de Marbella es en inglés pero sé de gente que quiere empezar en Málaga. Hace falta. Los periodistas sabemos la cantidad de conferencias leídas, insípidas que nos tragamos, de empresarios, de políticos, de académicos. En Sevilla existe, igual que en Madrid. Vuelvo a Marbella y vuelvo a Pablo, porque es allí donde ha aprobado el examen. Entre sus amigos del colegio alemán, los hay de varias nacionalidades. El sábado estuvo en Madrid para examinarse para entrar en E-4. Había gente muy preparada de Madrid y de provincias. Pero él sabe, como lo sé yo, que el ambiente en el que se ha criado en la costa, con sus muchos inconvenientes, da mucho mundo. Por eso jamás me ha traumatizado cuando me he encontrado con gente que no se cree que la vida fuera de Madrid merezca la pena, que vivir por aquí catetice. Creo que hay pocas provincias como ésta, donde puedas estar en un mismo día comprando mantas de lana en Grazalema, comiendo tres horas después en Terra Sana --cadena de restaurantes fundada por un israelí, un francés, un español y un norteamericano-- mientras pasas vergüenza ajena viendo a unas guiris rubias, estilosas, desfilando para ellas mismas en la tienda de enfrente, donde venden ropa de marcas carísimas para niños, en una escena propia de Wisteria Lane. Lo único malo es que la mayoría de los malagueños que conozco, de los del Guadalmedina hacia el Este, no saben dónde viven. Los que lo sabemos, tan contentos, porque para evadirnos sólo necesitamos coger el coche y ya estamos en un país que no tiene nombre. Me voy a Sevilla a entrevistar al provost de Princeton, que es especialista en el Supremo americano, de actualidad total. En mi país mental.
A Blasi le digo que yo le enseñaré a hablar en público, que para cuando tenga edad deberíamos tener organizada una liga de debate seria en los colegios. Pero que no vale argumentar con los chillidos que pega ahora. Seguimos sin poder sacar las sombrillas.

Claudio dijo
Enhorabuena a Pablo y a su familia. Han luchado duro - todos ellos - y se merecen las alegrías. Ich gratuliere!
Es verdad, Senora. El problema de Málaga (capitá) y los malagueños es que nunca se enteraron de lo que había en la costa. Desde hace medio siglo ha sido así. Y esto nunca fue bueno. Ni para los de la capitá ni para "er zectó" ni para los de la Costa en generá.
11 Mayo 2010 | 03:37 PM