Ascensor social roto

El debate que se planteaba el otro día El País es muy interesante: según un estudio, el ascensor de la movilidad social en España está averiado y, en los testimonios que se recogen, hay un tono de acusación hacia los que lo tienen más fácil, llamados hijos de papá. Ellos tienen el dinero para una educación en inglés, ellos tienen los contactos para luego colocar a los niños. Y, no lo dice, pero da la sensación de que detrás de niños de papá ha faltado añadir "por supuesto, de derechas". Sí que dice abiertamente que los liberales españoles --existen, según ellos, aunque Rodriguez Braun no los encuentre-- siempre se han opuesto a que cale cierta cultura de lo público, que es lo que iguala socialmente. No explica bien el artículo por qué en los años 60 sí que hubo movilidad social, vaya a ser que eso signifique alguna acusación de franquista. He entrevistado a lo largo de tres años a varios científicos de reconocimiento mundial y muchos de ellos eran de origen humilde y estudiaron en aquellos años con unas becas estupendas. En el artículo, y esto me remite a una discusión que he tenido recientemente sobre la precariedad laboral de los periodistas, se dice que si una familia humilde, sin embargo, consiguiera animar a sus hijos a que estudiaran una ingeniería o medicina --carreras, según el articulo, a las que suelen mandar los progenitores de clases medias altas a su prole, que debe de ser muy obediente, o sea, son hijos obedientes de papá--al acabar, con ese título, tendrían muy buenas oportunidades laborales. Pues sí. No se puede hacer periodismo y pretender ser Letizia Ortiz, pero existió el efecto Letizia, como habrá ahora el efecto Sara Carbonero. Y siento decir, y es algo que llevo meditando mucho tiempo, que mi marido, que se pasó una carrera perra estudiando cálculo, resistencia de materiales, física, álgebra y organización industrial, merece ganar más que yo, que estudié, es un decir, estructura de la información I y II, teoría de la comunicación social y asignaturas de parecido nombre de los que no me acuerdo. Ni de los profesores, por supuesto. En el artículo, además, no se menciona un caso en el que el ascensor social funciona a la perfección: la política. ¿De qué iba a imaginar Leyre o Bibiana que iban a tener los despachos que tienen y los sueldos en el sector privado? Estarían en una empresa rumiando su mala suerte, diciendo que no les ascienden por ser mujer y por no ser hijas de papá. Aunque ellas, papás también tienen.
A Blasita le insisto en que redefinamos que es ascender socialmente. Que ella debe aspirar a algo, alguien, que le permita cultivar flores, preparar unos gintonic helados al atardecer, después de un partido de tenis, leer, tener muchos amigos y recibirlos en casa sin ordenador y con croquetas. Que nunca se le queje un amigo con la brillantez del aprendiz al sol.

Rosa Luxemburgo dijo
España no volverá a ser aquel país que durante unos años pensábamos que éramos: innovador, honesto, creativo, alegre, original, envidiado, risueño, valiente y milagroso por su salto del estadio del piojo verde al del usuario de grandes cruceros de lujo.
Lo que el viento se llevó...
9 Septiembre 2010 | 07:24 PM