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Terra
La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

14 Septiembre 2010

Seguimos con el inconformismo

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El capitán, con camello o sin él, pregunta lo importante: Si estoy yo bien, ¿me tiene que importar algo más? La Rand diría que ocupándonos cada uno de nosotros mismos, el mundo avanza. Pero lo que no entiendo es por qué cuando se dice inconformismo automáticamente se relaciona eso con el hambre al otro lado de la frontera, o la obesidad de mala comida a este lado de la barriada. Podemos irnos a Brecht y decir aquello de que algún día nos puede tocar a nosotros. Pero es que el inconformismo, por ejemplo, puede ser contra el asqueroso funcionamiento de la Administración y ahí entiendo que el capitán sea conformista porque le va la vida en ello. Bueno, perdón, su nómina. La de él, la de miles de profesores, de médicos, de jueces, de fiscales...A mí, la Administración, plin, tengo a los churumbeles en lo privado, pago seguro médico pero ¿y si me toca alguna vez algún asunto judicial? De hecho, estoy imputada por un señor de nombre que da miedo escribir por eso, por poner esa misma frase, declaré hace meses y no sé nada todavía. Pudiera pasar cualquier cosa y eso puede perturbar mi paz sin camellos en la playa de los Caños. Pero, me rindo en este duelo. A medias. Hoy, de charla con Esther en un despacho de señores y señoras agradables, he pensado que nos queda el inconformismo, al menos, de la buena educación. Suena burgués y es cierto que es pura contención porque de lo que de verdad me dan ganas a veces es de ponerme a pinchar ruedas. A todo aquel que esté dispuesto, bien informado, de volver a votar a un presidente que dice que ha "descubierto", bueno, en realidad utiliza el plural, lo que es peor porque nos equipara a todos los españoles, que "hemos descubierto" que los parados en cursos de formación no son parados. Ellos son los tarados.

Número 1 y dos han ido hoy a jugar al fútbol. Un niño de siete años y camiseta del Real Madrid hacía maravillas con el balón. A su edad, Nadal debía de hacer lo mismo con una raqueta y una pelota.  Les entrena por amor al arte un vecino. Todo un inconformista. Blasi cuenta hasta cuatro. Hasta ese punto, los números se le dan bien.

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Capitan Ahab

Capitan Ahab dijo

Lo simpático del inconformismo es entenderlo como una forma local de egoísmo. Me preocupa que la Administración despilfarre, pero no me preocupa el hambre al otro lado de la frontera. Que se mueren todos los negritos diciendo "Que si, que hambre tenemos a espuertas, pero no tenemos ni pizca de burocracia. No lo cambio yo por un solomillo". Tan felices.

Igual es que lo que preocupa es simplemente mi balance monetario, que no vea yo que no se gastan en mi, personalmente, el dinero que he puesto yo en el mocho. Que tengo seguro privado, y mis niños van a colegio privado. Y se ve que tengo mis propios policías, y mis propios bomberos, y mi propia red eléctrica, y mi propia red de carreteras, y mi propio tren de alta velocidad, y mi propio ejercito y mi propia Universidad.

Y todos ellos son para mí un ente difuso, un bulto, al que llamo Administración, globalmente, sin distinguir un profesor, de un médico, de un cartero o de un policía. Para mi son todos iguales, yo soy el que paga y los cabrones no vienen ni a regarme las plantas.

Pues a mí, como a tí, la Administración me cuesta el dinero y, desgraciadamente, no me pagan un duro, cuanto menos una nómina. Y estar cabreado por lo mal que lo gestionan no es inconformismo, es civismo.

Que no está mal, pero el inconformismo es otra cosa. Los hijos, la hipoteca y un camello de primera pueden hacer que los confundas.

14 Septiembre 2010 | 10:28 PM

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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