Seguimos con el inconformismo

El capitán, con camello o sin él, pregunta lo importante: Si estoy yo bien, ¿me tiene que importar algo más? La Rand diría que ocupándonos cada uno de nosotros mismos, el mundo avanza. Pero lo que no entiendo es por qué cuando se dice inconformismo automáticamente se relaciona eso con el hambre al otro lado de la frontera, o la obesidad de mala comida a este lado de la barriada. Podemos irnos a Brecht y decir aquello de que algún día nos puede tocar a nosotros. Pero es que el inconformismo, por ejemplo, puede ser contra el asqueroso funcionamiento de la Administración y ahí entiendo que el capitán sea conformista porque le va la vida en ello. Bueno, perdón, su nómina. La de él, la de miles de profesores, de médicos, de jueces, de fiscales...A mí, la Administración, plin, tengo a los churumbeles en lo privado, pago seguro médico pero ¿y si me toca alguna vez algún asunto judicial? De hecho, estoy imputada por un señor de nombre que da miedo escribir por eso, por poner esa misma frase, declaré hace meses y no sé nada todavía. Pudiera pasar cualquier cosa y eso puede perturbar mi paz sin camellos en la playa de los Caños. Pero, me rindo en este duelo. A medias. Hoy, de charla con Esther en un despacho de señores y señoras agradables, he pensado que nos queda el inconformismo, al menos, de la buena educación. Suena burgués y es cierto que es pura contención porque de lo que de verdad me dan ganas a veces es de ponerme a pinchar ruedas. A todo aquel que esté dispuesto, bien informado, de volver a votar a un presidente que dice que ha "descubierto", bueno, en realidad utiliza el plural, lo que es peor porque nos equipara a todos los españoles, que "hemos descubierto" que los parados en cursos de formación no son parados. Ellos son los tarados.
Número 1 y dos han ido hoy a jugar al fútbol. Un niño de siete años y camiseta del Real Madrid hacía maravillas con el balón. A su edad, Nadal debía de hacer lo mismo con una raqueta y una pelota. Les entrena por amor al arte un vecino. Todo un inconformista. Blasi cuenta hasta cuatro. Hasta ese punto, los números se le dan bien.

Capitan Ahab dijo
Lo simpático del inconformismo es entenderlo como una forma local de egoísmo. Me preocupa que la Administración despilfarre, pero no me preocupa el hambre al otro lado de la frontera. Que se mueren todos los negritos diciendo "Que si, que hambre tenemos a espuertas, pero no tenemos ni pizca de burocracia. No lo cambio yo por un solomillo". Tan felices.
Igual es que lo que preocupa es simplemente mi balance monetario, que no vea yo que no se gastan en mi, personalmente, el dinero que he puesto yo en el mocho. Que tengo seguro privado, y mis niños van a colegio privado. Y se ve que tengo mis propios policías, y mis propios bomberos, y mi propia red eléctrica, y mi propia red de carreteras, y mi propio tren de alta velocidad, y mi propio ejercito y mi propia Universidad.
Y todos ellos son para mí un ente difuso, un bulto, al que llamo Administración, globalmente, sin distinguir un profesor, de un médico, de un cartero o de un policía. Para mi son todos iguales, yo soy el que paga y los cabrones no vienen ni a regarme las plantas.
Pues a mí, como a tí, la Administración me cuesta el dinero y, desgraciadamente, no me pagan un duro, cuanto menos una nómina. Y estar cabreado por lo mal que lo gestionan no es inconformismo, es civismo.
Que no está mal, pero el inconformismo es otra cosa. Los hijos, la hipoteca y un camello de primera pueden hacer que los confundas.
14 Septiembre 2010 | 10:28 PM