

Me había currado un post con muchos enlaces y ha desaparecido, lo que me obligará a ser más escueta. Gracias a Rull junior me leo dos artículos que aportan algo. Uno es de Jesús Encinar, CEO de Idealista, en el aque intenta explicar que los países ricos no somos culpables de la pobreza de los demás, algo que, sorprendentemente dada su mente liberal, rebatía Vargas Llosa en esta entrevista sobre el caso africano. En otro artículo, Martin Varsavsky --una pena que haya dejado la sección de blogs de www.elmundo.es--, dice que en este país no se habla de las cosas importantes, lo que me llevaría a otro harakiri necesario el de los tertulianos de cierta edad que sólo saben hablar de declaraciones de políticos cutres y de nacionalismo catalán y vasco. Los dos, en definitiva, hablan de progreso y sus razones. Mi generación se cree que mejora el planeta de varias maneras: te puedes hacer socio de Greenpeace y poner la pegatina en el coche, colaborar con Save The Children, usar mucho la bici, beber agua del grifo, reciclar la basura y poner bombillas de bajo consumo. Si puedes y tienes dinero, comprar cosas en el mercadillo de fruta ecológica o incluso una camiseta cachonda pintada a mano. Todas esas cosas quedan bien, molan, en definitiva, son stuff white people like. Como dice el capitán, lavaderos de conciencia de clase media alta. Los sacrificios tienen que ser otros y en España, según estuvimos de acuerdo ayer Esther y yo, implican harakiris de funcionarios, fundamentalmente de la universidad. Por cierto, en el blog de stuff white...hablan hoy de Ted, esa maravilla que me descubrió Rafa que te hace sentir lista si fueras capaz de sacar tiempo y, por lo visto, triste también si resulta que no te invitan a asistir a alguna de las conferencias. Me contaba Esther que cuando se hacen cambios radicales hay un momento en el que todo parece atravesar el Valle del Desencanto, no se empìezan a ver los resultados de lo nuevo y, a la vez, se puede echar de menos lo antiguo. Podría estar pasando con el cambio de modelo productivo en este país. La desgracia, sin embargo, es que lo viejo se fue y no se ha hecho nada para que lo nuevo llegue porque, volvemos a la universidad, eso implica harakiris que nadie quiere hacer. Por cierto, ¿quién decía que en este país no existían los lobbies?
PD: Blasita sabe cuando se pone un vestido nuevo y se pavonea, se lo toca..me da lecciones diarias de que, sí, somos distintos. Me gusta que se pongan las certezas en duda, pero comprendo que sea difícil, por eso en este país todo el mundo escucha/ve la tertulia lamentable que opina como ellos.

Capitan Ahab dijo
La culpa es algo digno de analizar también, aunque yo hablo más bien por lo que me cuentan otros, porque yo decidí abandonar la culpa a la vez que la fe en Dios y en el hombre, y ya no la recuerdo.
Tengo yo la culpa de que pasen hambre en Africa? Pues depende de cómo uno lo quiera mirar. Si lo que uno quiere es analizar como el sistema económico del Primer Mundo explota los recursos del Tercer Mundo y los mantiene en la pobreza, pues acabarás mas liado que un trompo en análisis económicos y sociales de lo más dispares, pero que, como todos los análisis económicos y sociales, tienen un sustento y una perdurabilidad sujeta al vaivén de las modas. Es decir, no valen una mierda.
Pero si quieres mirarlo a posteriori, que es como se debería mirar, entonces la cosa cambia. Es decir, no sé si esa gente las pasa canutas o no por culpa del liberalismo o del calentamiento global o de su puta madre, pero está claro que si quisiéramos podríamos hacer algo por ellos, seamos o no culpables. Y no lo hacemos, no por leer alguna gilipollez de algún pajillero keynesiano, sino porque no nos sale de los huevos. Es mi caso, por ejemplo. Entonces sí que encontramos la culpa. La verdadera. Yo no tiré la vieja al suelo, quizás, pero he pasado a su lado y la he dejado ahí tirada, con las gafas y la cadera rota. Llevo prisa. Es un hijo puta el que la tiró, pero también el que la ignoró. Culpables ambos.
Y esa culpa no hay quien nos la quite, no hay análisis económico ni social que pueda limpiar eso. Y un inconformista es, básicamente, alguien que pasa al lado de la vieja y la levanta, aunque sabe que no podrá levantar a todas las viejas, pero a esa la levanta. Si hubiera muchos, igual las levantabamos a todas, piensa. Aunque sabe que no parece que vaya a pasar, porque el número de hipotecas vuelve a repuntar, según los últimos análisis económicos.
Lo mejor es abandonar de golpe la fe, la macroeconomía y la culpa. Todo a la vez. El mundo es un sitio terrible, lleno de hijoputas, gente moribunda y profesores de Universidad, y lo mejor es disfrutar la suerte que hemos tenido, al menos mientras tengas las gafas y la cadera en condiciones. Que luego ya se verá si pasa algún inconformista por allí.
15 Septiembre 2010 | 11:34 AM