Kaiser Chiefs
Son las seis de la tarde y encima de la mesa del jardín de Mario Circe está lista la tetera y unos sandwiches muy aplastaditos, como los que solía comer en Embassy, en Madrid, cuando era un universitario tiernecito en la capital y su madre le sacaba por esos sitios, un poco avergonzada de las melenas y de esos vaqueros que parecían tenerse en pie de la mugre. Hace un día espléndido y Lula aparece por el jardín quitándose el casco de la moto, atusándose el pelo, como si fuera un anuncio de desodorante masculino. El escritor de El Limonar ha enchufado su ipod a los altavoces en el porche. Juan de Cózar tardará en llegar un poco y la abogada sigue inmersa curiosamente en el caso Guadalpín, origen de Malaya, que de repente todo el mundo menos ella quiere cerrar a toda prisa. Suenan Kaiser Chiefs y ese estribillo descorazonador: "It´´s cool to know nothing. Take a look of the boys in the street". "No, justo esta canción, no", dice ella. "¿Qué te pasa? Siempre te quejas de que echas de menos algo de música, que estamos rodeados de gente mayor que nosotros...". La diseñadora gráfica se sienta en el sofá de mimbre con los cojines de estampados africanos y suspira. "Es que no puedo más con el rollo que nos están metiendo de la generación perdida, frustrada, desperdiciada, ni-ni. De vez en cuando me aplasta este ambiente lóbrego, de generación del 98, pseudo punk de No Future, nihilista. El discurso victimista de gente que se queja de ganar mil euros siendo auxiliar de biblioteca, ¿qué quieren? ¿No saben que hay ingenieros que empiezan ganando menos en el PTA? No sé, que necesito reirme más, estoy por apuntarme al curso de danza Bollywood del centro cívico de mi barrio. Bueno, aunque bailar, bailo. Blasita y yo hemos bailado antes de la guardería Another Sunny Day de Belle and Sebastian. Me lo he pasado muy bien", explica la diseñadora gráfica, echando mano al primer sandwich. "Es verdad que yo no me puedo quejar, porque vivir de las rentas es un lujo, mientras nos dejen. Ser rentista suena a anacrónico, pero qué le voy a hacer, no tengo la culpa de que mi abuela tuviera tantos locales en el centro y algunos pisos. Tan anacrónica como la historia del trompeta que se ha quedado con un palmo en las narices", explica Mario mientras echa una cucharilla de azúcar en el té. "¿Quién? ¿Alex de la Iglesia y su Balada triste de trompeta?", pregunta ella. "No, hombre, el que iba a heredar la finca del Larios, en los Llanos, ese que decía que su madre era cocinera y que le dejó preñada el señor y que la mala de Pilili Príes había presionado para abandonarle en un orfanato. Pues no, no coincide el ADN", le explica. En ese momento, llega Juan de Cózar. "Bueno, ya lo ha dicho. El loco de Urdiales, el abogado, con su gomina, sus trajes un poco de gangster, ha aprovechado su turno en Malaya para elevar a público el rumor: dice que presuntamente las siglas sin investigar de la contabilidad de Roca son las del comisario general de información y ha pedido que vayan a declarar los dos agentes de la Udyco que dimitieron porque, supuestamente, no les dejaban seguir con las pesquisas por esa dirección. El petardeo del corazón se acaba y empiezan las cloacas del Estado a apestar", acaba, un poco en tono novela negra de Juan Madrid. Lula pregunta, con aire distraido: "¿Ese quién es? ¿El mismo que estaba en la cacería con Garzón y con Bermejo? ¿El que ha hecho ahora Rubalcaba encargado de las operaciones judiciales que impliquen a cargos políticos?". "Sí, justo a ese tipo se ha referido Urdiales", dice Juan de Cózar que, mirando alrededor, pregunta: "¿Y Concha? ¿Dónde está? ¿No fue ella la que contó que estando un día con Urquía éste recibió una llamada de estas siglas?". "Casi preferiría seguir con el trompeta y los Larios, o con otra música y el primer gin tonic, porque es más agradable un culebrón de despecho, amor, herencias y ADN que otro que, de nuevo, como cuando se junta en este país una crisis económica y política, haga aflorar las pestilencias de las cloacas del Estado. Prefiero ignorarlas", dice Mario. "Ya te lo decían los Kaiser Chiefs, que mola más no saber nada", le recuerda Lula."Kaiser, Kaiser, ¿Cómo se llamaba aquel rey de los bajos fondos? ¿Kaiser Sozé? ¿Sospechosos habituales?", dice Circe.

Compton-Williams dijo
Senora,
We British are rather slow-witted. Sometimes it takes me quite a while to understand the meaning of your wonderful posts. But the effort is always worth it.
I admire you, Senora!
7 Octubre 2010 | 08:36 AM