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Terra
La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

18 Enero 2011

Mal karma, tía

 

I am a bunny -- 6x6 bird print

Yo quiero ser rebelde subvencionada, eso es lo que mola mogollón. Yo quiero okupar una casa que el Ayuntamiento ha expropiado, colarme dentro, organizar mis conferencias superalternativas, mis conciertillos cutres, con el encanto de estar enganchada ilegalmente a la luz, mis jornadas de concienciación ciudadana en una casa del centro, porque, claro, en la perifera como que no mola tanto, y, a la vez, arracancar el compromiso a las instituciones de que me dejen quedarme allí, pese a que un juzgado dictara hace meses orden de desahucio y que las cubiertas estén hechas una mierda, como han constatado técnicos de Urbanismo, pero no pasa nada porque luego puede que den una ayudita para arreglarlas. Es un gusto mirar al alcalde y su equipo, la cara de satisfacción de poder entregar una llave a unos alternativos totales, después de haberse reunido con las cofradías, para dejar claro que no todo es caspa. Ver cómo se ponen todas las instituciones de acuerdo en hacerse los modernos, no en el macrohospital, en el río o en el campamento benítez, no, solo en hacerse los guais. Quiero ser rebelde subvencionada, como los retrató Muñoz Molina, y volver a casa a las doce de  la noche, con 30 palos, y que mamá me haya dejado preparada la cena, estar en paro porque el sistema explota y paso total de currar por mil euros. En fin. Una sociedad cada día más infantil, como dice esta entrevista de Víctor Pérez Díaz, que hasta se nota, es solo un detalle, en ese lenguaje que hablamos por aquí plagado de diminutivos, como retrata Manuel Arias Maldonado en este artículo. Una sociedad, por cierto, en la que los políticos socialistas en  Andalucía llaman fascistas a los funcionarios que les boicotean sus actos. En Murcia, donde gobierna la derecha, las protestas incluyen una paliza a un consejero y acosar al presidente en su casa. ¿Qué dirían aquí si los funcionarios se plantaran en la casa de Griñán? Una sociedad que aparentemente está dormida y permite que se le inyecte dinero públicos a las cajas gestionadas por políticos porque en el gobierno está la izquierda progresista. Si hubiera sido el PP, esto sería Túnez. Es lo que tiene la rebeldía de consignas y pancartas. Por cierto, nada dice nuestro presidente en el Financial Times que la gran diferencia entre bancos y cajas no es la obra social, es que los políticos han metido allí sus manos, sus dietas, sus amigos, sus viajes.

En un cuarto de baño con número dos de una gran superficie. Entran dos adolescentes, mediojipilongas. "Tía, es que todo me sale mal, es que tengo un mal karma que te cagas". Solo nos falta eso, que salga Leire diciendo que este país tiene mal karma por culpa de Franco. Leire, que le va a garantizar a los trabajadores su derecho a conocer sus vacaciones con dos meses de antelación. Facilitando la labor empresarial.

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Malvezino

Malvezino dijo

En la foto salen todos menos los que dieron vida a la criatura, que no son precisamente unos niñatos descerebrados. Lo bien que se vive contra el sistema cuando uno está comodísimamente instalado en el sistema... Del Alcalde mejor no hablar, por no ofender. La suya es una sonrisa dibujada con cemento armado, como otros más fashion utilizan el botox.

18 Enero 2011 | 04:45 PM

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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