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Terra
La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

19 Enero 2011

Declaramos la guerra a EEUU

 

Bunny bugs dance (gray) - 6x6 children's art print

Me lo decía un día un arquitecto mayor y sabio, sentado en los Baños del Carmen, bajo el ruido atronador de unos cazas de exhibición, haciendo maniobras orquestales en la claridad. "Lo único que podemos hacer es declararle la guerra a EEUU y que nos invadan. Así pasaríamos a ser un protectorado". Era una gracia más de las que soltamos con la crisis, claro. Pero puestos a seguir con ella, creo que tenemos más en común con los americanos que con los alemanes que, de facto, nos están marcando la agenda, esa pringadilla de la Merkel, que no está, faltaría más, en el santuario del progresismo feminista, como tampoco está la Thatcher (¿Puede Leire contraponer un curriculum before politics similar?)  ni tampoco Isabel La Católica o Isabel I de Inglaterra. No sé qué opinan de Madame Curie que, encima, investigaba y conciliaba en el laboratorio con el amor de un hombre más joven. El caso es que, no nos desviemos, somos más parecidos. Los americanos son muy cachondos, siempre hablando desde el tópico, a diferencia de los británicos, expresan, quizás demasiado incluso, sus sentimientos, lloran, ríen y no tienen sentido alguno del ridículo, trabajan mucho, pero se ayudan mucho, ya sea en las parroquias, en los colegios o en los starbucks de las esquinas. Son tan, tan religiosos que puede que, a pesar de una inicial estupefacción por no entender nuestro politeísmo festivo, se hicieran fervorosos seguidores de las procesiones. Bueno, pues, después de leer la prensa de este fin de semana, sí, acabo los miércoles, he pensado que el detonante de nuestra declaración de guerra tiene que ser Palomares. Parece ser que los americanos se niegan a asumir el coste de limpiar aquello, a pesar de que los miles de test realizados durante años demuestran la escasísima contaminación, seguro que mucho menos que la de los onubenses expuestos a las balsas de fosfoyesos. El caso es que es intolerable y fuentes de Exteriores dicen que están cerca de perder la paciencia. ¿Lo siguiente? ¿Podemos acaso amenazar con represalias comerciales? Ja, ja, me da la risa. ¿No dejar entrar a sus turistas? Me parto. Es mucho mejor ir al último escalón: declaración bélica. Entonces, además, veríamos a todos los progres anti EEUU alistarse de voluntarios, con sus pañuelos palestinos, dispuestos a sacrificar sus rastas en una peluquería del ejército, invocando el fin de la realpolitik y esgrimiendo fotos de Julian Assange. Obama no daría crédito pero en una reunión del Alto Estado Mayor los generales le dirían: Comandante en Jefe, lo tenemos chupado. Sabemos que gran parte de la población sería colaboracionista, apenas habría bajas porque al segundo bombardeo se rendirían. Entonces veremos al presientde Zapatero levantarse al paso de la bandera. Menudo sueño el de esta noche.

PD: Número dos, cuatro años, recuerdo, me ha preguntado que quién se quedará con la casa cuando nos muramos sus padres. ¿A qué juegan estos niños en el ordenador?

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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