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Terra
La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

26 Enero 2011

Alex de la Iglesia

 

Portrait of Miss Marples - 6x4 inch Print

Me cae bien Alex de la Iglesia, quizás porque me recuerde que no siempre fui una respetable madre de familia numerosa --papel que me está gustando, por otra parte-- y me traiga a la memoria renqueante la sensación gustosa de salir del cine de Madrid, el frío en la cara, las manos en los bolsillos del vaquero que ya jamás me entrará, el de al lado con aquel abrigo largo y azul marino, después de ver El día de la Bestia. Porque inmortalizó Callao, ese cruce de caminos por el que tantas veces pasé en moto, camino de los Ideal. Por Def con Dos y su descaro. Pánico a una muerte ridícula --¿le pasará eso por la cabeza a nuestro presidente?--. Me gusta Alex de la Iglesia, porque ha dimitido de su cargo de la Academia del Cine español para poder discutir mejor con la ministra, antes amiga. Y quiere discutir porque, previamente, ha escuchado a los que creía sus enemigos en twitter. Y dice que ha aprendido de gente como Enrique Dans o Julio Alonso y aconseja debatir con los supuestos enemigos, que es algo que enriquece, argumentar con quien no comparte argumentario. Lo supe el otro día en el Guadalmedina, con aquel tipo okupa de la Casa Invisible. Me sube la adrenalina cuando tengo que discutir, llevo años de entrenamiento en casa, y hay quien dice que los polemistas que habitan en nuestros genes son agotadores. Puede que, por eso, algunos de nosotros se hayan hecho corredores de fondo, para cansarlos. Yo sigo prefiriendo la dialéctica a la maratón, pero todo se correrá.  El caso es que este país sería distinto si hubiera más gente como Alex de la Iglesia, si más oyentes de la Ser pusieran de vez en  cuando a Federico, y viceversa. Da miedo poner alguna televisión y ver .los comentarios que mandan las dos Españas, crucifijos sí, crucifijos no. Soy de las escépticas con twitter, pero me alegro mucho de que haya servido para que Alex de la Iglesia de una lección a muchos. Por cierto, él no se creía legitimado para defender su postura sobre la ley Sinde desde la presidencia de la Academia. A María Gámez le honra intentar salvar el cementerio inglés desde su puesto de delegada de la Junta. Pero, insisto, debe dimitir, se nota ya demasiado que está en campaña electoral.

A mis hijos les pondré Def Con Dos, hipotecate tú.

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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