En la cabeza de una concejal corrupta

Nunca antes había intentado meterme en la cabeza de una concejal corrupta. Ahora, con algunos datos, lo hago y me doy cuenta de lo fácil que es. No meterse en la cabeza, digo la corrupción. Pongamos que por obra y gracia de quien sea yo me convierto en vez de la chica altiva, pija y soberbia que algunos dicen que soy --sin que me afecte lo más mínimo, por cierto-- en una igualmente de mofletes achuchables, que tiene una voz levemente cascada por el alcohol y el tabaco, un animal de relaciones públicas con los que mangonean en los barrios, o sea, esas federacionesde vecinos que llevan décadas representándose a sí mismas, que grito a mis subordinados, que hablo con tacos y me sé muchos chistes verdes y que tengo en mis manos un jugoso presupuesto de contratas. Hasta ahora yo había pensado más bien en regalos, joyas .y abrigos de piel, pero eso no se lleva y puede ser muy cantoso porque puedes acabar como las mujeres de los jeques, poniendote las joyas, ellas la lencería de La Perla, solo en la intimidad. Lo primero que haría sería deshacerme de técnicos del área, los típicos funcionarlos amantes del orden y de la legalidad y me quedaría con otros un poco choricetes, de esos que trabajan para otras empresas en horas de trabajo, por ejemplo. Contrataría a muchas consultoras. Y, he llegado a la conclusión, sigo en la cabeza de la concejal corrupta, que lo mejor es que los proveedores grandes le encarguen proyectos casi ficticios, pongamos a las empresas que tiene un primo mío en un pequeño pueblo de Córdoba, de Sevilla. O de Jaén. Es perfecto. Yo no soy tan burda como para contratar directamente con las empresas de mi primo, eso lo hacen otros más advenedizos. En realidad, luego parte de los proyectos, en fin, no tengo por qué decirlo, pero sí, me los quedo yo. Nada de dinero negro, si me apuras, mis proveedores pueden descontarse como gastos esos servicios que han comprado a las empresas de mi primo y nadie se va a enterar porque son negocios entre privados. Y nadie va a largar, de eso me encargo yo, porque esos proveedores puede que sean también generosos con muchos partidos políticos. ¿Que no repito en las listas? Qué más me da. A lo mejor ahora sí que me puedo poner los rolex.
Creo que lo he hecho bien, ¿no? A Blasita nunca le voy a enseñar a meterse de esa manera en la cabeza de alguien, lo malo es que no me sale que se meta en la cabeza de una matemática.

lerele dijo
Vamos a la playa uo ooooo
15 Marzo 2011 | 02:55 PM