Dilemas morales

Aquí en este país somos blanditos. Hubo una generación que no, aunque tampoco magnifiquemos su grandeza porque aquello fue una Guerra Civil, entre amigos y hermanos, o sea, una pérdida de moral.muchas batallas de envidias, de celos, de venganza contra el señorito, de élite mal entendida, de conservar privilegios y de sembrar sectarismos. No sigo. Aquello fue una mierda épica. Los dilemas morales suelen venir en el pack de las grandes tragedias, de las guerras, de los avances, de los presupuestos muy restrictivos. El Gobierno japonés puede optar por decir toda la verdad, la mitad, pecar de alarmista o de precavido. Aquí, ¿qué tenemos? Que no estemos pasando grandes miserias, no quita para que no tengamos dilemas morales. Los alcaldes, por ejemplo. Ahora paso a meterme en la cabeza de un alcalde cualquiera. El hombre tiene fama de honrado, trabajador y técnico. De incansable. Su antecesora en el cargo era un animal político, lo mismo se ponía a servir churros que promovía un churro en el puerto de posibles ganancias para todos. Los privados, claro. Bueno, este alcalde, un poco acomplejado por no saber moverse con desenvoltura entre las clases más populares de la ciudad, mima a la concejal que describíamos ayer, que lo mismo se pone un delantal para guisar en una peña, que se bebe unos gintonics en la peña de al lado. Y pone la ciudad preciosa de luces y de flores. El alcalde está encantado porque le cubre las dosis de populismo que necesita. Ella, que no cuenta con la humildad y la modestia entre sus virtudes, lo sabe y lo dice, las elecciones se ganan gracias a ella. Un buen día, al alcalde le dimite un asesor con fama de honrado, aburrido de estar en un despacho leyendo el periódico, cobrando 4.000 euros y, antes de irse a hacer un doctorado a una universidad gótica inglesa, le dice al alcalde que algo no huele muy bien en el negociado de la concejal. Es el primer aviso. Llegan más, en forma de anónimos. El alcalde prefiere pensar que todos son libelos. Nadie puede demostrar nada con papeles. Son todo historias chuscas, de proveedores en citas fuera de la provincia. Nada tangible. La concejal sigue. Eso es un dilema moral porque no todo en esta vida es épica: ¿Tiene que hacer el alcalde caso a los que le dicen que hay gente ganando dinero extra a costa de su trabajo en el Ayuntamiento? ¿Debe dar preferencia a una señora que le gana muchos votos en las barriadas? Sí, claro que existen dilemas morales, y del cómo se resuelven depende muy mucho el calificativo que se pueda poner a un alcalde. La pregunta del millón: ¿Es corrupto quien consiente la corrupción?
Blasi está pintando con un lápiz recién afilado. Ojalá nunca se entere de la porquería que se va encontrando su madre.Ojalá permanezca en la ingenuidad más años que ella.
