Fiona Compton Williams y el Cautivo

Ahora resulta que Fiona no sólo debía ser una experta en vaticinar qué iba a pasar con la deuda española, también, por su nacionalidad, le exigían ser capaz de adivinar si los tronos saldrían, o sea, si llovería con fuerza o no. "Pero mirad vuestros i-phones, que dicen que no fallan las previsiones. En Londres ni hay tronos ni excesiva preocupación por la lluvia, porque es constante. De todas maneras, un descansito no viene mal, ¿no?". La pandilla de Manuel la mira con ojos asesinos: "¿Un descansito? Es que esto tiene pinta de ir para varios días. ¿Tú acaso sabes lo que es vivir todo el año para un día?". "No, aunque estoy rodeada de brokers que ganan en un día para todo el año. Lo que no entiendo muy bien es por qué no pueden salir bajo la lluvia, quedaría muy romántico. Eso sí que sería penitencia, los trajes de nazareno empapado, la mano helada de estar mojada durante horas, los pies húmedos...""Que esto no se trata de que sea tampoco un martirio. Además, ¿no te das cuenta de que las tallas de madera se pueden estropear?", le dice un poco borde uno de los amigos de Manuel, que está especialmente sensible, porque era hombre de trono de los Estudiantes y siempre se socializa mucho en esos varales. "Eso los cristos y las vírgenes que vayan a descubierto, pero las que tienen ese toldo que les cubre, ¿no pueden?", insiste ella. "Demasiado arriesgado". A Fiona le acaba de sonar la blackberry, porque si un Lunes Santo en Málaga están los niños de los Estudiantes y los de los Gitanos, en la city y en cualquier sitio el mundo ya se divide entre blackberry e i-phone, aunque no tengan casa hermandad y sí cofradía del santo reproche, que diría Sabina. "¿Riesgo? Para eso la deuda española, que se ha vuelto a poner más emocionante que una corrida de José Tomás. A ver quién sufre la siguiente cornada de los mercados. Are you proud of me, honey?", le dice a Manuel, muy orgullosa de estar ya utilizando metáforas taurinas- "Sí que aprendes rápìdo". Siguen mirando todos los horarios, los itinerarios, las posibilidades de cancelación. "Debería haber un servicio de megafonía por todo el centro que dijera: lamentamos comunicar que la procesión de los Gitanos ha sido cancelada, como si fuera un aeropuerto", dice el más impaciente de los amigos. "Sí, claro, sólo le faltaba eso a los vecinos del centro", protesta Manuel, que sabe de lo que habla, porque él intentó vivir en calle Císter una época. "¿Hay gente que vive por aquí?" pregunta la británica asombrada, "yo creía que era ya como un escenario para los turistas, tanta tasca, gitanilla de plástico...". "Deberíamos buscar un plan alternativo", musita Manuel, mientras Fiona sigue mirando detalles de lo que le llega por la blackberry. "Pues creo que no, que deberíamos ir a ver a El Cautivo, aunque sólo sea para pedirle algo", protesta Fiona. "Pues sí que tes has adaptado tú". "No, querido, es que yo no soy como ese otro analista inglés que ha dicho que hay que fumar crack para creer a Zapatero, pero sí pienso que vuestro presidente necesita ayuda celestial, de un coro de ángeles, de varios cristos malagueños, de un ejército de promesas, porque, aunque se empeñen en decir que no hay contagio, esto pinta realmente mal, así que pongamos rumbo a la Trinidad y espero no tener que coger un avión urgente de vuelta", les explica. "No creo que ninguno de los cientos de penitentes que lleva el Cautivo vaya a pedir para que afloje la presión de los mercados sobre la deuda soberana española", se queja uno de la pandilla. "Es verdad, pero muchos pedirán para llegar a pagar su hipoteca y, en el fondo, es lo mismo", corta ella tajante.
