Intervención o rábano

Después de un duro interrogatorio, el ex alto cargo se derrumbó y confesó: Efectivamente, por la vía legal, ya no había manera de colocar a nadie más en el entramado de la consejería. Era un coñazo la de trabas que ponían los funcionarios de carrera y la intervención, mucho papeleo. Fue entonces cuando empezaron a colocar en organismos tipo la Faffe, una fundación de cursos para el empleo y cosas así. Cuando vieron que podían meter a un par de hijos de, amigos, cargos del partido, mujeres, eso fue un no parar. No pasaba nada. Pero alguien había empezado a largar y aquello ya apestaba. El dinero escaseaba y a los funcionarios se les había tocado el sueldo que a todos los efectos es lo mismo que tocarles los huevos. La juez no daba crédito a lo que contaba el interrogado. Sí, llevaba tiempo viviendo en Andalucía y esas cosas se decían. Recordaba algo parecido en una diputación, Almería, quizás, algo que archivó un compañero suyo que no vio malversación de caudales públicos al estar pagando la Diputación sueldos a tipos que sólo curraban en el partido. ¿Qué tipos de contratos tenían todos esos enchufados? ¿Qué pruebas de selección habían hecho? Se acordó de su sobrino, unas notas magníficas en arquitectura y que ahora hacía de dependiente en el Zara de Regent Street, mientras pasaba la crisis. O de su hermano, un empresario con una pequeña empresa de internet que se las veía para llegar a fin de mes con 1200 euros. Por no hablar de su hermana, lo encantadora que tenía que estar y lo que curraba en esa tienda que milagrosamente estaba sobreviviendo. ¿Toda esa gente enchufada es la que habla de progresismo, cuando sucumben el caciquismo más rancio? No, no podía ser. Cuando se fue a su casa, pensó que debería elaborar un informe contundente: había que intervenir a la Junta de Andalucía, igual que se hizo con Marbella. Mirar con lupa los millones de euros de los cursos de formación. Una comisión gestora era la única solución, porque los otros también tendrían sus cosas. Un añito de intervención y que aflorara todo. Las fundaciones, los espabilados que compran miles de ordenadores a precios de la calle, los abogados que tramitaban los cambios urbanísticos...todo. Cuando llegó, cenó algo ligero y se preparó una cafetera. Había vuelto a la universidad. Nunca pensó que la asignatura se llamara: El hundimiento. Maneras de que aflore la mierda.
Blasita no sabe nada de esto y se levanta tan contenta que va cantando. Quiere ir a la huerta, que hemos ampliado. Ya hemos tenido que poner cañas a los tomates y hemos arrancado algún rábano. Esa es nuestra aspiración sin alcanzar: que todo nos importe un rábano.
