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Terra
La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

2 Mayo 2011

A diez minutos y un mundo

 

The Bird Keeper, Archival Art Print - Original illustration from Penelope and Pip

Sonaba bien eso de la feria del perro en Archidona. El día estaba nublado y los montes de Málaga matizados en grises están preciosos. Los cortijos que los salpican, los olivos y las rocas.  Málaga interior sonaba incluso a Muñoz Rojas y sus cosas del campo. Llegamos a Archidona por una carretera sinuosa que no era la más fácil. El aparcamiento de la feria del perro era un desastre, un barrizal donde patinaban nuestras ruedas de coches que no eran 4 por 4 bendecidos por la Virgen del Rocío en el retrovisor. Nos cruzábamos con gordos que llevaban a pit bull en sus correas, zarcillos en las orejas, colegas de Ronardo. Regalaban casi a los podencos, a los perros de aguas y los pointer, 60 euros, decían sus dueños mientras apuraban el botellín de cerveza.  Claramente no era el sitio por donde ver a la reina Isabel y sus jack russell. Lo peor era una música machacona de discoteca que colisionaba con la rociera que ponían en las casetas de la feria, donde servían pinchitos morunos a medio hacer, paella y tortilla de patata. Los más pudientes lo enseñaban en el logo de Polo, ese horror que ocupa media pechera y que va diciendo aquí estoy yo, que me gasto 100 euros en este polo. El café claramente necesitaba de otro sitio. Era el momento de conocer el hotel La Bobadilla. A apenas diez minutos de allí el ambiente cambiaba tanto como para parecer que habíamos cogido un par de aviones. Los sofás mullidos de la cafetería eran para no levantarse de allí en un par de horas. El café estaba servido en una vajilla de La Cartuja, reconocida de inmediato, lo que nos llevó a la pregunta melancólica de por qué nadie serio es capaz de levantar esa maravilla sevillana de porcelana. Las vistas de la cristalera del lobby eran un campo inmaculado, sin adosados, sin diseminados, sin tejados de uralita. En las fuentes, flores rosas y, debajo del parking, los ciervos. Cerca, los caballos y un par de vallas metálicas cubiertas con rosales trepadores. El buen gusto no es tan caro pero suele ser silencioso, de entrada. A la entrada, una india le preguntaba a un indio por una película, qué tal había funcionado. Hablaban en inglés, como hace la clase que trepa como las rosas en la India.  Sin complejos por hablar el lenguaje del conquistador porque saben que es el que ellos necesitan para conquistar el mundo. Nos dice la camarera que han llenado el hotel para celebrar una boda, con el novio montado en un caballo blanco, con el sari rojo...Estábamos a diez minutos y un mundo de Archidona y la feria del perro. Seguro que si pregunto en la caseta de nuestro padre Jesús del Huerto por la India me dicen que se mueren todos de hambre allí. A nuestro lado, un señor mayor hablaba de bajar a Marbella por teléfono. Él sí conoce Marbella. Es lo que tiene, malo, bueno y regular, la Costa del Sol es independiente de facto. Es mi terminal favorita para poner un mundo de por medio sin tener que coger un avión.

PD: Le digo a los niños que han matado al más malo del mundo. Dicho, así, suena muy inverosímil. Lo de matar y lo del más malo. Quedan muchos...y muchos tontos a los que no vamos a matar pero sí a no votar.

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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