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Terra
La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

25 Mayo 2011

A lo que nos hemos acostumbrado

 

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Iba ayer por la a-92, camino de los 40 grados de Sevilla, escuchando la radio, en ese estado mental de medio letargo, reflexión, con la mente flotando, pero atenta a ese camión cabrón que se ha picado con otro entre los túneles de la subida de los montes. Conectaron con el Palacio de San Telmo donde, como todos los martes, se celebraba el consejo de gobierno de la Junta. El redactor de la radio dio por hecho que habían analizado los resultados de las elecciones del domingo. Municipales, o sea, nada que ver con la Junta. ¿Por qué nos hemos acostumbrado a no distinguir partido e institución? ¿Por qué casi nadie critica que los políticos vayan con los coches oficiales de las instituciones a los actos de partido? Luego pensé en San Telmo. Qué preciosidad. Qué poderío tenían los Orleans entonces. En esos salones nobles, rehabilitados con mucho dinero de todos los andaluces, confundiendo partido e institución en el análisis, ¿se habrá atrevido alguno a decir que precisamente cosas como esa costosísima rehabilitación palaciega en tiempos de crisis ha podido ser uno de los cien factores que les ha quitado votos al PSOE? Luego, en una entrevista, me ha dicho el entrevistado que le cabrea que los partidos nacionales hagan reuniones los lunes por la mañana y allí que van ministros, consejeros o diputados, que para el caso es lo mismo, gente a la que pagamos todos para que dediquen una mañana a su club, o sea, su partido. Tiene toda la razón. Pero es a lo que nos hemos acostumbrado. Como a que nadie pida cuentas sobre la eficacia de los cursos de formación. Y hablamos en la entrevista de ese abrazo que le dio el presidente de la patronal andaluza, que de cursos de formación sabe mucho, a Javier Arenas en la noche del domingo. Posicionándose claramente ya, después de años de pactos por el empleo en los que se han repartido cientos de millones de euros. Nos hemos acostumbrado a que cada institución tenga su gabinete de propaganda que nos venda que vivimos en el mejor sistema educativo del mundo, con la sanidad más acojonante, con las universidades campus tech. Por eso, a la vuelta por esa A-92, huyendo de los 38 grados de Sevilla, el atardecer en los montes de Málaga, sonreí al escuchar en la Brújula de la Economía a una periodista económica que contó que la semana pasada, en Seattle, Microsoft reunió a los CEOS y los profesores de gestión de más relumbrón y que le admiró como Buffett o Gates escuchaban con atención ¡¡y hacían preguntas!! a un directivo más joven que se ha ido de Boeing a Ford. Humildad y curiosidad por lo que piensan otros, no los hooligans de su partido. Si alguno aprendiera...a lo mejor se daba cuenta de que efectivamente lo del 15-m es algo más que una movida perroflautera. Griñán, tu nombre ya solo significa soberbia suicida. Es difícil pensar que hay que dejar todo a lo que se ha acostumbrado uno, pisar alfombras mullidas de palacio costeado por todos. Por ejemplo.

Blasita ya sabe acabar la frase de "No hay tanto pan para tanto chorizo". Uno de sus abuelos le ha añadido alemán al pan y español al chorizo. No se si se ha pasado un poco.

servido por martinidemar 1 comentario compártelo

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opinu

opinu dijo

España es así, siempre lo ha sido y siempre lo será. Podemos estar contentos con ser miembros de los países de la "periferia", porque por nuestra forma de ser casi nos correspondería ser parte de Africa.

5 Agosto 2011 | 07:41 PM

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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