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Terra
La Coctelera

Martini de mar

Ingredientes: un poquito de actualidad local con mala leche, intento de ironía en la información general y estupefacción ante la vida cotidiana, sobre todo cuando amanece, que no es poco

6 Septiembre 2011

Tierno wikileaks

 

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El asunto de wikileaks es de lo más enternecedor. Casi nunca he celebrado cumpleaños y no precisamente por esa coquetería de mi abuela Teresita de ir hurtándole años al tiempo hasta el punto de que pocos sabían la edad que tenía cuando murió. Me alegro mucho de cumplir años y quiero cumplir muchos más. De hecho, el próximo será 40 y no me traumatiza lo más mínimo. Quizás podría por no haber llegado donde algún día soñé. Pero al menos estoy corriendo. Trotando. O como querais. El caso es que en vez de velas debería haber ido poniendo pequeños monumentos al cinismo o al realismo, que lo mismo da. En definitiva, agradezco que la vida me haya ido enseñando que batallas merece la pena luchar. Es verdad que esta trayectoria no está exenta de decepciones con una misma: ha habido veces que me ha apenado no indignarme por algo. Pero eso no me pasó con wikileaks, que lo único que aportó fue cotilleo a la realpolitik. ¿Que EEUU apoya a sátrapas? ¿Y? ¿no lo sabíamos? ¿Quiénes son acaso la familia real saudí a la que damos calurosamente la bienvenida cuando vienen a gastarse sus petrodólares a Marbella?  Pensé entonces que los bajos fondos es mejor que se queden abajo y sólo afloren para escribir grandes novelas y hacer películas de topos y espías, de financiación de senadores y de pago a guerrillas que luego se vuelven contra la mano que le ha dado de comer. Las alcantarillas huelen muy mal. Entonces, cuando el pool de medios que marcan con el único pedigrí de progreso y ética editó los famosos cables, esos mismos que no le dan mucha bola a eso de que Obama no haya cerrado Guantánamo, resultó que Julian Assange, de pasado dudoso y presente en los tribunales, era un héroe que quedaba muy bien en las cenas de Jemina Khan o Goldsmith. Menuda faena le habían gastado las suecas con la acusación de abuso sexual, urdida seguramente en esas mismas alcantarillas que él había destapado. Se celebró que se hackeara los secretos de Estado. Y EEUU quedaba como el malo malísimo de siempre. El único que se atrevió a decir que eso era lo mismo que había hecho Murdoch, bueno, uno de sus muchos periódicos, que no es estrictamente lo mismo, con las escuchas ilegales fue Arcadi Espada. Ya se sabe que es un provocador. Ahora, Assange ha decidido que pasa del pool de medios para lo que queda de los cables. ¿Cómo ha reaccionado la Academia periodística? Pues eso, de una manera muy tierna. Wikileaks ahora, y sólo ahora, es una secta casi. Assange es un inmoral que se paga la defensa de sus acusaciones con dinero de la fundación Wikileaks. Qué cara. Y encima puede estar poniendo en peligro vidas de disidentes que se vieron obligados en algún momento de su oposición a dictaduras a tratar con el Gobierno de EEUU --con la nariz tapada, le faltaba añadir el otro día al editorial de El País sobre el asunto--. Qué horror, ahora nos podemos enterar de que EEUU incluso apoya la democracia en algunos sitios. Y a veces incluso sin que sea a cambio de petróleo. En fin, de lo más tierno. Sobre todo cuando se afirma que ese cambio de actitud no tiene nada que ver con el hecho de que Assange haya decidido pasar de la Academia de la Correción Política. Y lo peor es que, en mi humilde opinión,  todavía está por ver qué tal sale la jugada demócrata de la primavera árabe. Por ahora, da miedo, como decía la arqueóloga Myriam Seco  hablando de Egipto en una entrevista en la Ser.

Blasita me desafía no haciendo pis en el orinal. Me he dado cuenta de que pasa de su autoestima. Tendré que ensayar otra estrategia porque aplaudirle cada vez que hace un pequeño mojón en si sitio no da resultado.

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Sobre mí

Sigo siendo calle Larios, pero temporalmente me he tomado un martini de mar, o sea, como diría Pérez Estrada, de Málaga. Obligada por mis superiores, porque resulta que el nombre de mi calle, obviamente, no se me ocurrió a mí. Pues eso, calle de finales del XIX, de esquinas redondeadas, salida del lápiz de Strachan y la pasta de los Larios. Cóctel perfecto de aquella Málaga burguesa que decayó por culpa de un bichito de los montes, filoxera. Me encanta que me pisoteen los niños del flequillo ladeado, las niñas de camisetas superpuestas, las señoras de la mecha en su sitio, los mimos plateados y los ambiciosos abogados de la cosa inmobiliaria. Y la mendiga que blasfema. Me gusta tener nombre de ginebra. Aunque comulgo con el bloody mary también y con el martini de mar.

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