¿Por qué van cabreados? Que se lo pregunten

En un mundo racional, los médicos del sistema nacional de salud y los profesores de los colegios públicos debían ser de los españoles más felices. Se les debería incluso poder distinguir por la calle por su sonrisa de satisfacción al ir o al volver del trabajo. En definitiva, los primeros curan o lo intentan a todo el mundo, sin necesidad de que echen mano a sus ahorros o a créditos, de que se priven de un dinero que haga falta para otras cosas. Además, en ese sistema, los médicos no temen por su futuro, no añaden estrés al que ya les supone dar una mala noticia o que una operación no acabe como estaba previsto, o sea, bien. Trabajo seguro, toda una ganga en los tiempos que corren. Tienen unos horarios generosos comparados con lo que se trabaja en otros sitios. Eso, para los médicos, pero vale para los profesores. Van a un sitio mantenido por el Estado donde podrán formar a los niños y a los jóvenes que, de no ser por ellos, tendrían un futuro más incierto. Enseñan a unos alumnos que, en algunos casos, no estarían allí si hubiera que pagar por aprender a escribir o a leer. ¿Qué les pasa entonces? Pero no solo ahora, ¿por qué llevan décadas sin estar lo felices que deberían según la teoría? Porque, entre otras cosas, están rodeados de mentiras.Ven cómo la calidad de la enseñanza y de la sanidad públicas cae por mala asignación de recursos por parte de políticos que prefieren un titular a una jornada de trabajo fructífera para miles de sus empleados. Ven cómo se hacen fotos con ordenadores y trasplantados de cara mientras hay colegios que no tienen papel higiénico, hay médicos contratados por tres meses después de una carrera muy dura. Ven cómo se anuncia que las medicinas, muy baratas, para los menores de un año serán gratis mientras a ellos les aprietan para que receten menos de tal o cual cosa. Porque nadie les pregunta. A ellos, a los que están en clase, en la consulta o en el quirófano. Cualquier empresa de éxito ahora mismo sabe que las buenas ideas, las grandes ideas, pueden estar en cualquier sitio, por eso la comunicación con todos los empleados es vital. Sí, con esos empleados que van ahora cabreados a trabajar, que no pueden soportar ya más ningún titular de "somos pioneros", "asistencia gratuita y universal", "gran éxito de los estudiantes andaluces", "el mejor sistema sanitario del mundo". Que les pregunten a ellos. No sé qué hará con las respuestas pero al menos Aguirre ha anunciado que pedirá ideas de dónde recortar a todos los empleados de la Comunidad de Madrid. Que haga lo mismo aquí Griñán.
Todo el flutox y el Dalsy que se ha tomado Blasita y sus hermanos ha sido pagado en su totalidad. Menos que una caña, casi. ¿No se pueden explicar estas cosas a un votante maduro? ¿Tenemos que hacer demagogia continuamente?
